No es necesario explicar por qué el negocio de los cines, que ya tenía bastantes problemas por depender demasiado del éxito de un "tanque", están hoy en peligro de quiebra en todo el mundo. El entretenimiento es el último eslabón en esta cadena de caídas industriales, y hasta los más grandes conglomerados del sector están con enormes problemas mientras el público se queda en su casa utilizando el streaming como fuente principal de entretenimiento, sector que crece en uso pero -otro de los problemas derivados de la incertidumbre económica y la recesión- sin sumar suscriptores. La crisis en las salas es especialmente dura para los cines independientes y los que se dedican a las películas menos masivas, de arte y ensayo o de países poco "exportadores", dependiendo del mercado.

En los Estados Unidos, varias cadenas dedicada a ese sector del cine decidieron pasar transitoriamente a digital. Venden un ticket por u$12 y proveen de un link para ver en el hogar una película, con el acuerdo de los distribuidores. Pero la idea consiste sobre todo en generar un espacio virtual de conversación sobre los filmes, por lo que a estas experiencias se adosan conversaciones con actores y directores, análisis y charlas. Lo que en general se haría en la confitería de una de estas salas, pero de modo virtual. Existe esa cultura cinéfila en muchos lugares de ese país y cadenas como la neoyorquina Angelika, dedicada especialmente al cine de arte, ya está utilizando estas herramientas con cierto éxito justamente en el lugar más golpeado por la pandemia en ese país.

La distribución digital tiene además a otro actor: la distribución. Son ello los que proveen los filmes a los exhibidores. En el caso de este streaming "de emergencia", los cines se convierten en intermediarios del visionado y en animadores culturales. Algunos distribuidores -entre ellos varios pesos pesados del cine independiente como Magnolia Pictures o Kino Lorber- prefieren ir al streaming a través de estos circuitos "de culto" ante que ceder a Netflix, porque prefieren llegar a un nicho específico que le otorgue más peso a sus productos.

El asunto es complejo porque el cine independiente y de autor saldrá damnificado en la segunda mitad del año. Los "tanques" se van a agolpar en pocos meses con salidas masivas y marketing agresivo, lo que le va a dejar muy poco -o nada- de espacio a las producciones más chicas. Y los cines no tendrán más remedio que aceptarlo después de meses sin asistencia (y mucho tiempo hasta que se pierda el miedo y se normalice la concurrencia). La distribución y exhibición on line significarían un paliativo, pero las consecuencias a futuro -¿querrán los cinéfilos volver al cine?- son también preocupantes. Quizás se trate de un golpe definitivo.

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