La escritora Claudia Piñeiro dialogó con BAE Negocios sobre su nueva novela y las presentaciones por redes sociales en tiempos de pandemia

En la cuarentena, ¿encuentra más tiempo para escribir?
—Lo de tener más tiempo es relativo, hay un montón de actividades que uno hace en el teletrabajo. Uno antes llegaba a una reunión, conversaba, tomaba un café y de ahí te ibas a otra reunión, y se te iba le tiempo. Ahora las reuniones por Zoom son una atrás de la otra y duran lo que tienen que durar, y terminas agotada. En mi caso, igual, no se trata de tiempo sino de voluntad de escritura. Me costaría mucho escribir ficción en este momento, pensar el escenario donde poner a los personajes. Mis novelas son realistas y me cuesta imaginar el mundo real de la nueva normalidad.

—¿Cómo fue presentar la novela a través de las redes sociales por la pandemia?
—La presentación fue caótica en términos técnicos pero fue preciosa para mí en términos de conversar acerca de un libro y la comunicación con los lectores en ese formato. Lo pudo escuchar gente que incluso no hubiera venido nunca a la presentación en la Feria del Libro, porque vive en otras provincias o en otros países.

—¿Siente que esta novela es la que más la representa desde lo social?
—Creo que todas mis novelas tienen una mirada social. Quise estudiar sociología y no puede porque la dictadura militar cerró las carreras humanísticas. Aunque esté contando la historia de una familia, como en este caso, una familia muy católica, hay una mirada social, que tiene que ver con ese momento. Cuando escribo, me pasa que los personajes salen a la calle en el mundo y los lugares que yo habito. En esta novela se sumó que tenga una mirada más activista y política que en otros momentos, porque tuve participación en los debates de la ley por el aborto, la violencia sobre las mujeres.

—¿Cómo surgió la idea de ir contando la historia a partir del punto del vista de cada uno de los personajes?
—Pensé bastante cuál quería que fuera el punto de vista. Me parece que los textos no tienen que tener bajada de línea , que hay que cuidarse de eso en la literatura. El punto de vista es, de alguna manera, invitar a pensar desde una ventana. Lo que me pasaba con esta novela es que quería que se viera desde muchas ventanas y para hacer eso necesitaba a todos los los personajes involucrados. No todos conocían la historia completa, la única forma de que el lector la tuviera era que todos contaran una parte y que se pudiera ir armando, no como un rompecabezas que cada pieza va encajando sino como una posta en donde uno le entrega el testimonio al otro y el otro al otro y así se van sumando hasta llegar a destino.

—¿Cuánto pueden marcar la personalidad los secretos de familia?
—Hay familias en las cuales los secretos han hecho estragos, pero a veces los estragos no son iguales sobre todos los integrantes. Hay algo que viene dado, que te hace más o menos inmune a ciertas circunstancias familiares que no solo pueden ser secretos, pueden ser violencias, situaciones negativas que te pueden marcar. Generalmente los secretos son un dolor que se va trasmitiendo de generación en generación.

—Hay dos cuestiones centrales en la novela: el fanatismo religioso y el aborto, dos temas en los que tomó posición publica, ¿qué le permitió la literatura?
—Me gusta mucho una frase de Reinaldo Arenas que dice que la escritura viene a poner en palabras los silencios anteriores. Me parece que el aborto es uno de esos casos donde no hubo palabras; ni aborto se decía, "se lo sacó", "se lo va a a sacar", o no se decía nada. Hoy las familias lo hablan, se esté a favor o en contra, pero se lo nombra. La literatura te da esos permisos para hablar de cosas que antes no se podía.

—Ana es la única que no tiene voz. En cuarentena se están registrando muchos femicidios, ¿cuál es su análisis?
—No la tiene a propósito. La verdad es que ni Ana ni las mujeres asesinadas tiene voz. La cuarentena, por supuesto, exacerba un montón de situaciones donde hay agresiones, situaciones de mucha tensión; y cuando hay una persona violenta, no hay muchas posibilidades de que salga bien. Me parece que en ese sentido hay que exagerar las posibles soluciones para las mujeres que quedaron con estos hombres que ejercen violencia con ellas. Tenemos que estar muy atentos sobre lo que pasa a nuestro alrededor.

—¿Temió perder lectores por decir lo que piensa?
—Me sentiría muy mal si no dijera lo que pienso en este tema. Cada uno tiene cosas sobre las que le interesa opinar. El aborto está en mi literatura desde lo primero que publiqué. Habrá gente que me dejó de leer y también se acercó mucha gente joven, muchos varones, muchos lectores que me leían por primera vez por mi exposición pública. Creo que debo haber ganado más lectores que los que perdí, pero tampoco es algo que cambie en lo que yo diga o deje de decir.

—¿La literatura puede ayudar en cuarentena?
—Está acompañando. Nunca tuve tantos mensajes por un libro como con Catedrales; mensajes muy detallados, donde me explican qué les pasó con el libro. Los libros siempre fueron compañía, y lo están siendo en la cuarentena.

Título: Catedrales
Autora: Claudia Piñeiro
Editorial: Alfaguara
Páginas: 336
Precio: $899

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