Es probable que hayan visto Taxi Driver, la obra maestra de Martin Scorsese realizada en 1976. Si es así, recordarán cómo fracasa la cita del protagonista, Travis (Robert DeNiro) con Betsy (Cybill Shepperd). Él la invita al cine, el cine es de barrio y se ve una película donde se habla de educación sexual con secuencias totalmente explícitas. Betsy se ofende y se va. Es cierto que el filme transcurre luego de la legalización del triple X en los Estados Unidos (en 1974), pero refleja algo que efectivamente sucedió antes de tal legalización.

Primero, una anécdota: la película "porno" que se ve en ráfagas es en realidad una broma que hizo el equipo de la película. La filmaron ellos y pocos están realmente desnudos; lo intercalaron con algunos fotogramas de filmes olvidados. Pero lo que sí es cierto es que, cuando ver gente tener relaciones sexuales explícitas en pantalla estaba prohibido, a algunas personas se les ocurrieron varias estrategias para que tal cosa fuera posible y no pudiera censurarse. En principio, llegaron de Europa películas "educacionales" sobre campos nudistas. Las tuvieron que permitir porque, en esos tiempos -comienzos de los sesenta-, ya llegaban a los EEUU desde el Viejo Continente filmes de prestigiosos autores que no tenían problemas con los desnudos. Por ejemplo, Un verano con Mónika, de Ingmar Bergman, o algunos ejemplos de la Nouvelle Vague. Y eso no se podía "prohibir" por obsceno. De paso: en los EEUU nunca hubo censura estatal, siempre fue algo regulado por la propia industria audiovisual.

En 1969, después de un plebiscito, se legalizó la pornografía en Dinamarca. Más tarde, en Suecia y Noruega. En los EEUU, entonces, los cineastas que actuaban por fuer de Hollywood, sea experimentales o comerciales, se habían animado a imágenes audaces y temáticas controvertidas. El público estaba maduro y aquí cabe una pequeña reflexión: los grandes cambios se dan cuando los públicos no se los plantean como problemas. Sin embargo, proyectar coitos en un cine "normal" era ilegal. Pero no si lo que veíamos era un documental sobre el comportamiento humano.

Y así, mucho antes de que nos preguntáramos qué es el sexo virtual, la primera película importante que logró sortear la censura y mostrar cómo era que la gente hacía bebés (o lo intentaba aunque no lo lograse; después de todo el placer está en el viaje) fue Man & Wife, que puede el lector curioso (y el cinéfilo con inclinaciones históricas) ver completa en Erogarga.com. Se estrenó en cines "normales", y no en los pornográficos escondidos detrás de la fachada "espectáculos para hombres", que todos sabían qué eran pero hacían como que no. La produjo Matteo Ottaviano, que había sido el esposo de la diva de comedias -y símbolo erótico fallecido en un tremendo accidente de tránsito- Jayne Mansfield. El tipo, con el nombre de Matt Cimber, hizo esta película que comienza con declaraciones de un científico, un cartel que dice "Una producción del Instituto para Educación de los Adultos" y una aclaración en la que se detalla que se ilustra la intimidad del matrimonio, que debe aprenderse porque no es instintiva. 

Hay después un señor que habla de la necesidad de aprender cómo entrenarse en el comportamiento erótico, porque eso genera felicidad para el matrimonio. Y que el amor es lo más importante. Hay mucho subrayado en lo que es "el matrimonio", porque para evitar las críticas, se habla de que estas cosas solo se hacen después de tener la libreta. Después se habla de que "son dos personas", y que por lo tanto ambas deben de ser parte de las elecciones y la experimentación. Que hay que evitar el aburrimiento porque si es así, las cosas terminan mal. En fin, lo que dirían mamá y papá a un adolescente ansioso por los golpeteos de las hormonas en las gónadas.

Más tarde vienen los gráficos que muestran dónde está cada cosa que debe tocarse, acariciarse o penetrarse para que la otra cosa funcione. Digamos que todo este introito al coito puede pasarse en un secundario o utilizarse como cura eficaz al insomnio. Después de casi 20' (de la hora que dura la película), dejamos la clase teórica y pasamos a la práctica gracias al denodado sacrificio de dos parejas debidamente casadas que pasarán a demostrarnos cuáles son las posiciones y las formas del amor físico.

Pues bien: de allí en más vemos más de cincuenta posiciones sexuales diferentes. En off, la voz de nuestro docente favorito nos dice cuál es la más efectiva para el placer masculino, cuál para el femenino, cuál se puede mantener más tiempo, cuál menos, cuál sirve mejor a los fines reproductivos, etcétera. También nos explica por ejemplo que, si el hombre está de pie detrás de la mujer, esta debería apoyarse en un mueble un poco más bajo que la cintura del partenaire con el fin de sentirse más confortable y que "el cuerpo" del hombre acaricie mejor las zonas íntimas. Una verdadera lección de física, anatomía, química y gramática precisa (hay que oír el tono del profe en cada secuencia: un verdadero shakespereano) que funciona como manual de instrucciones.

La verdad, la película es completamente pornográfica en el sentido de mostrar cada órgano como es y en pleno funcionamiento. Pero en realidad no solo adelantó el cine y el entretenimiento sexual explícito sino otro género que hoy resulta muchísimo más exitoso: el tutorial de YouTube. En efecto, no hay música, no hay aditamentos (la cama con sábanas blancas, el señor y la señora -que no señorita, ¿les dijimos que están casados?) alguna silla para ciertas poses, etcétera, es lo único que vamos viendo. Recuerda absolutamente a esa clase de educación sexual en colegio inglés que aparecía en la genial El sentido de la vida, de los Monty Python. Obviamente, nadie vio este filme como documental educativo, y su existencia y exhibición abrió puertas a otro tipo, más placentero -y también, en serio, más ingenuo- por venir. Para ver en pareja formalmente constituida, por favor.

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Leonardo Desposito

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