"Estoy vivo porque escribo"
Germán Maretto publicó su nueva novela que explora la precariedad cultural y el mito del éxito literario
Mauro Coriglio es profesor en un taller literario, adicto a su vacío interior y atrapado en un triángulo amoroso con su esposa y una alumna. Mientras intenta buscar respuestas en el diván de su psicoanalista, escribe un libro con una certeza de que nadie lo leerá. Es un coordinador de talleres literarios que sobrevive entre la burocracia estatal del interior y sus propias frustraciones creativas. Además la inminente campaña por las elecciones en Córdoba se cruza en su vida, mezcla de política y literatura'. ¿Es posible encontrar la redención cuando se ha decidido arruinarlo? El autor irrumpe con una novela sobre la decadencia, el cinismo literario y el fracaso como forma de vida.
"Estaba escribiendo otra novela, por un lado y, por el otro, tenía unos cuentos y unas reflexiones sobre la escritura. Un día comencé a oír lo que los alumnos creían que era mi vida y me dije que si creaba un personaje que fuera mi alter ego, uno que hiciera y fuera como ellos creían, y a la vez le integraba las reflexiones y los cuentos, tendría una novela. Y así salió", dice a BAE Negocios el escritor Germán Maretto desde Córdoba donde vive.
-¿Cuánto de vos hay en Mauro?
-Menos de la mitad. Él hace cosas que yo no haría por ética o por cobardía. A veces me alegro de no ser como él. Otras veces lo envidio mucho.
-¿Como lo definís?
-Mauro es un obsesivo empecinado que lo ha perdido todo. Un todo ciego, como él, que desde un momento cero de su vida, el inicio del libro, comienza a perseguir a tientas la etérea zanahoria del triunfo sabiendo que a la vez se asfixia tirando del cada vez más pesado carro de sí mismo y su autorreferencialidad.
-¿Qué rol ocupa el psicoanalista en su vida?
-Central. Es su norte. Uno que no tiene género, porque quise darle una función verdaderamente oracular en esta historia. El lector atento verá que jamás digo «él» o «ella».
-¿Y la política?
-Algo en lo que no se quiere meter, pero que lo rodea y lo quiere tragar. Habrá que leer para ver qué pasa con él.
-¿Elegiste un escenario político y en Córdoba por algo en especial?
-Mientras la escribí viví allí; además de que conocía muy bien lo que es la biblioteca pública donde pasa una parte de la historia, y la idiosincrasia de los funcionarios que luego intenté reflejar en la novela.
-¿Tiene fin la autodestrucción?
-Qué difícil respuesta en tiempos que discutimos la eutanasia. Pero, jugando con su doble significación, creo que en Mauro estuvo siempre, sin final y, a la vez, la autodestrucción cumple la finalidad de motorizar esta historia donde la autodestrucción asoma no solo en él, sino en alguien más.
-¿Qué te gustaría que el lector encuentre en esta novela?
-Muchas medias sonrisas, de esas que no son las políticamente correctas en estos tiempos de tanto deber ser. También que se encuentre sometido al dilema de decidir si hay buenos y malos.
-¿Cuándo supiste que querías ser escritor?
-En el secundario. Iba a un industrial, el del la fábrica militar de Río Tercero que explotó en los 90. De chiquito le escribía algún que otro poema a mi madre, pero en la adolescencia había dejado de hacerlo hasta que en el cole un compañero leyó un poema que había escrito y yo me dije que también podía hacerlo y allí retomé sin parar hasta hoy. Ese día exploté, también, pero de una manera mucho más saludable. Dejé de tener como objetivo terminar mis días en la seguridad de alguna fábrica para meterme en un territorio azaroso, incierto, pero muy entretenido.
-¿Qué te da ser profesor a la hora de escribir?
-Me da una carga adicional de responsabilidad. Cuando escribo me recuerdo constantemente que tengo que practicar lo que predico. Y creo que el día que deje de escribir, ese mismo día dejaré de ser profesor.
-Y escribir ¿qué te da a vos?
-Solo una cosa: la vida. Estoy vivo porque escribo.
-¿Qué rol ocupa la literatura en tiempos violentos?
-Todo lo bueno y lo malo de cualquier arma de doble filo. Porque la aplaca tanto como la incita. La famosa imagen de las dos bibliotecas, como se la suele conocer.
-¿Qué fuerza tiene la palabras frente a la violencia?
-La de una arma de destrucción masiva. La de una herramienta masiva de construcción.
-¿Qué te parece que se busca en la literatura, en tus talleres?
-Creo que lo que busca en la literatura me es inabarcable para responder. Me es bastante más fácil responder sobre lo que buscan en mis talleres: muchos tienen el sueño de escribir su propio libro y algunos ni siquiera leen, con lo cual allí surge mi primera satisfacción: a partir de la escritura comienzan a leer. Y de allí comienza un camino de mucho crecimiento si deciden andarlo: escribir un libro no te va a dar más sabiduría, pero sí más templanza; no te va a hacer más rico, pero te va a enriquecer subjetivamente y tampoco reconocimiento, pero sí más autoconocimiento.

