"La historia es un juez incorruptible que a la larga da su fallo para unos y para otros"
Agustín Barletti: La mayoría de las personas lo ubican como un honesto gobernante cuando en realidad fue mucho más que eso.
"A 121 años de su nacimiento, el perfil de Arturo Illia sigue envuelto en un nebuloso desconocimiento. Asumí entonces el desafío de desentrañar su personalidad y dar a conocer sus logros y para eso, pude contar con información de primera mano. Esto es así porque tuve la suerte de conocerlo al ser nuestras familias muy amigas. A principios de los 80, siendo estudiante de Derecho, tuve la oportunidad de compartir innumerables encuentros donde me relató gran parte de los hechos históricos que lo tuvieron como protagonista", dice a Bae Negocios el periodista y escritor Agustín Barletti.
–¿Le llevó mucho tiempo de investigación?
– El proceso total se extiende a lo largo de casi 40 años. La primera etapa inició en 1983, tras el fallecimiento de Arturo Illia y culminó en 1997, con la primera edición de "Salteadores Nocturnos". Sin dejar de recabar toda nueva evidencia que apareciera, en 2017 inicié fuertemente la segunda etapa de investigaciones que culminó con esta segunda edición corregida y aumentada. Tiene el doble de páginas y nuevas fuentes. Por ejemplo, accedí a los cables enviados desde la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires a Washington durante la presidencia de Illia.
–¿Por qué el titulo?
-A quienes fueron a destituirlo el 28 de junio de 1966 les dijo que eran "salteadores nocturnos que, como los bandidos, aparecen de madrugada para tomar la Casa de Gobierno". De forma premonitoria les anticipó: "Sus hijos se avergonzarán de lo que están haciendo; y mañana los señalarán por haber producido horas tristes en el país". Años más tarde, la mayoría de los que participaron en el golpe expresaron públicamente su arrepentimiento.
–¿Por qué se sabía, hasta este libro, tan poco de él?
-Illia fue una persona reservada y enigmática. Nunca le gustó ni le interesó resaltar sus logros personales o profesionales. Quizá por eso la mayoría de las personas lo ubican como un honesto gobernante cuando en realidad fue mucho más que eso.
–¿De su vida íntima que fue lo que más le impactó?
–Me llamó la atención su personalidad multifacética. Era un gran jugador de póker, eximio bailarín de tango, amante del yoga, del budismo, y del pacifismo ghandiano. También ávido lector, con sólidos conocimientos en filosofía, artes, historia universal y cultura general. Podía afirmar, sin dudar un segundo, qué cantidad de escuelas había en tal pueblo, cuánto rendía el maíz por hectárea en tal localidad, o el número de fábricas existentes en tal ciudad. Lo lograba por su prodigiosa memoria, pero también porque durante sus 65 años de militancia había recorrido cada rincón del país. Illia guardaba entre sus sienes el árbol genealógico de la Argentina. Siempre le preguntaba el apellido a su interlocutor para luego comentarle que había conocido a su padre, su tío, o su abuelo, con certeros detalles al respecto.
–¿Por qué no tuvo Illia secretario de prensa?
–No muchos saben que Arturo Illia vivió en Europa entre 1933 y 1934, que presenció el naciente fascismo al asistir a los actos públicos de Hitler y Mussolini y que pasó un par de días en un calabozo berlinés por negarse a saludar con el brazo en alto a una patrulla de las SS. Él consideraba que una gran nación con una ancestral cultura como la alemana se había desviado en su manera de vivir por la propaganda oficial y por el cerrojo a la prensa. Además, consideraba demagógico el uso de fondos públicos para difundir actos de gobierno.
–¿Qué le parece el mote de tortuga?
–Illia recibió ese apodo como parte de la campaña de prensa que creó el ambiente propicio para su derrocamiento. Luego, la zoología política nos mostraría que también existían los cangrejos, que ni siquiera iban para adelante. Los guarismos de su gobierno nos hablan de una administración eficaz y muy lejos de ser inactiva. Durante su administración entre 1963 y 1966, el gasto público disminuyó en relación al PBI, y casi sin inflación se redujo el déficit del presupuesto de $4.054,1 millones en 1963, a $2.778,9 millones en 1965. Al mismo tiempo, la partida destinada a educación alcanzó el 24% del presupuesto nacional, la más alta de la historia, y un Plan Nacional de Alfabetización alcanzó a 350 mil alumnos de 18 a 85 años. Bajo su mandato, se sancionó la Ley del Salario Mínimo Vital y Móvil. En 1965, la tasa de desempleo se ubicó en el 4,4% y la participación del sector asalariado en el PBI pasó del 36% en 1963, al 41% a junio de 1966. Durante su presidencia, se obtuvo el mayor triunfo diplomático sobre Malvinas. La resolución 2065 de la ONU, aprobada el 16 de diciembre de 1965, instaba a los gobiernos de la Argentina y del Reino Unido a negociar sin demoras la soberanía de las islas. Por primera vez en muchos años se redujo la deuda externa, de US$ 3.390 a US$ 2.650 millones. Luego, habría de crecer sin interrupción hasta la fecha
.–¿Por qué la historia no le da el lugar que se merece?
–La historia es un juez incorruptible que a la larga da su fallo para unos y para otros. Recientes encuestas de opinión colocan a Illia como la persona más honesta de la Argentina delante de Manuel Belgrano, José de San Martín, René Favaloro o el Papa Francisco. Incluso cabalgando sobre sus virtudes, Illia logró superar la grieta que como un hachazo divide a la Argentina y es de los pocos políticos que está fuera de toda discusión.
–¿Hay lugar en la actualidad para un político como él?
–No tengo dudas de que sí. Creo además que en el subconsciente de los argentinos existe la convicción de que, si un día fuimos capaces de elegir a un presidente honesto y eficiente, podemos volver a hacerlo en el futuro.
–¿Illia era un adelantado?
–Van dos actos que confirman su visión de estadista. En 1964, Illia le vendió varios millones de toneladas de trigo a China Popular, aún gobernada por Mao TseTung, y se convirtió en el primer presidente de occidente en comercializar con China. La operación de venta fue un éxito, con pago en libras esterlinas al contado, a través del Banco de Londres en Hong Kong. Recién seis años más tarde, el presidente norteamericano Richard Nixon viajaba a China con el mismo fin. Illia sabía que el futuro estaba en Asia, y junto a su colega trasandino Eduardo Frei avanzó en la creación de una Federación Argentino Chilena con capital en la ciudad de Córdoba, para que sendos países pudiesen comercializar sus productos a través de los dos océanos.
–¿Qué le gustaría que encuentre el lector en este libro?
–Busco que a través de esta novela histórica el lector descubra la vida de este gran hombre desde una doble óptica: la del protagonista a través de sus recuerdos y confesiones más íntimas, y la de un conscripto que debió participar en el escuadrón de lanza gases que lo desalojó de la Casa Rosada la madrugada del 28 de junio de 1966.
–¿Cómo define usted a Illia?
– Un servidor público que desde la medicina y la política trabajó toda su vida por sus compatriota. La mejor definición la dio el general Juan Domingo Perón cuando dijo que Illia era un "un joven disfrazado de viejo". s.
