"Las palabras se me revelaron como la forma interminable de contar el mundo"
Marina Eleonora Rubio la periodista, escultora y escritora acaba de publicar su novela "Tipas"
-¿Cómo surgió la historia?
-Sabía que quería contar una historia sobre vínculos de todo tipo (de amistad, pareja, trabajo y hasta de artistas con su inspiración). A medida que escribía, crecían los personajes y sus características. El primer vínculo que surgió fue el de una pareja, reflejado entre Luana y Martín como eje. A partir de ahí, sus amigos, los trabajos, la familia. Fui construyendo la historia desde lo cotidiano, esos hechos que por repetidos parecen irrelevantes pero son los que dan soporte y delinean la vida. Me interesaba hacer foco en eso: los detalles mínimos, los gestos instintivos; las acciones que nos definen siempre superan al efecto de las palabras que decimos.
-¿Por qué el título?
-La polisemia de la palabra me parecía atractiva. Me gusta pensar que el vínculo protagónico es el de las dos mujeres, de su amistad a lo largo de los años y las parejas. Por otro lado, los árboles de Tipas tienen un rol importante en la historia.
-¿Cuánto tiene que ver Martín con vos en relación a tu actividad artística?
-Bastante. No es un alter ego ni mucho menos pero el conocimiento de ese mundo fue esencial. Las obras que él hace en el libro, por ejemplo, son el tipo de obra que me gustaría hacer a mí, especialmente por el procedimiento. Como no puedo hacerlas por una cuestión física, las representé en la historia de su vida. En eso hay mucho de mí. En su mirada y en el vínculo con el arte, también.
-¿Cómo defines a Luana?
-Luana es una mujer contradictoria, apasionada, que cree no seguir ninguna norma y está atravesada por las cosas, como todo el mundo, que la limitan y ni siquiera es consciente de eso. Le gusta jugar, experimentar, no soporta aburrirse. Tiene que estar haciendo algo constantemente, sin saber del todo qué, además de escribir sin propósito. Eso sí, nunca baja los brazos.
-¿Y la relación entre ellos?
-La relación entre Martín y Luana estuvo marcada por la pandemia, que en una relación de poco tiempo es mucho decir. No hay detalles de sus relaciones anteriores, por lo tanto no sabemos si fue producto del estrés de la pandemia o por sus personalidades, pero algo en ese vínculo no fluye. De todos modos, la incondicionalidad entre ambos estuvo presente en todo momento y en cada circunstancia. Y la pasión.
-¿Puede el amor crecer en pandemia?
-Apareció, creció y decreció con la misma intensidad. Lo más importante fue que el amor, en muchos casos, pudo sobrevivir. También existieron relaciones que crecieron durante la pandemia y todavía siguen vigentes. Lo más difícil, creo, les pasó a las relaciones que acababan de nacer y fueron interceptadas por la pandemia. Esas fueron las que más resultaron impactadas por ese tsunami.
-¿Cuál es el rol de sus amigos?
-Los amigos, de alguna manera, son un espejo que los refleja, siempre un poco distorsionados de acuerdo a la luz, al lugar, o a cómo están cada día. Por ejemplo, Rita para Luana es una persona que parece fuerte pero no sabe que su fortaleza reside en el amor que recibe y da; Rita ve en Luana una persona empoderada con dificultades a la hora de amar y ser amada. Rolo, el amigo de Martín de toda la vida, oficia de hermano mayor dentro del vínculo, es su apoyo y vía de escape.
-¿Qué temas querías tratar?
-Las diferentes relaciones en distintos contextos, los atravesamientos que tienen, los recursos con que cada parte enfrenta las crisis y los sucesos de la vida cotidiana. Cómo somos cuando nos despertamos, cuando sucede un imprevisto, cuando el amor de nuestra vida se muere. Si sabemos o no lidiar con el dolor de otra persona, con el éxito, con la pausa. Cuánto de los prejuicios dominan nuestra vida. En definitiva, si tenemos alguna idea de quiénes somos y qué hacemos.
-¿Qué te gustaría que el lector encuentre en esta novela?
-Ojalá encuentre emociones. Sus propias conexiones, la parte que no escribí. Sin alguien que la lea, toda historia es un invento muerto.
-¿Qué te aporta tu parte periodística a la hora de escribir?
-Creo que ambas pasiones comparten la misma curiosidad y necesidad por la investigación. Ya después, la narrativa (de no ficción, como fue siempre mi caso hasta ahora) tiene albedrío y disfruta de prerrogativas que el periodismo no.
-¿Y de la escultora?
-La escultura me enamoró. Es, junto con la escritura, un buen ejercicio para el arte de la paciencia. Por temas de salud no pude seguir explorando materiales, pero sé que me aportó fortaleza y muchas ganas de investigar, de aprender, de ver. Cuanto más aprendemos, mejor aprovechamos la observación.
-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?
-Desde chica, a los siete años, cuando escribí una poesía. Será por eso que recuerdo la primera palabra que leí, el momento, dónde estaba, el lugar, con quién: de la mano con mi mamá. Las palabras se me revelaron como la forma interminable de contar el mundo.
-¿Qué te da a vos la posibilidad de escribir?
-Vivir a fondo sentimientos que en la vida diaria son más complejos. Puedo ser hombre, lesbiana, suicida, anciana o una niña de vuelta. Bipolar, alcohólica, deportista, madre. Una persona con voluntad, paciencia y vigor. Escribir me regala la imposibilidad de olvidar los recuerdos que tengo, mis fantasías, los amores que tuve y las vidas que amo.
-¿Tenés rutina para hacerlo?
-Antes escribía de noche, porque literalmente trabajaba todo el día. Ahora también escribo de día. Cuando puedo, desde la mañana, con el café a un costado. Primero siempre escribo la historia de corrido hasta el final, y, cuando la novela está terminada, la corrijo (que es como escribirla de nuevo). Eso nunca cambió.
-¿En tiempos violentos, qué rol ocupa la literatura?
-En tiempos violentos tiene un poderío inusual. Se transforma en una red de sentido, de construcción, de solidaridad. Adquiere una preponderancia política vital: los intelectuales se vuelcan a escribir, la lectura se hace voraz, protagonista indiscutida de la realidad.

