Las ceremonias de apertura de los Juegos Olímpicos son como las de los Mundiales de fútbol. Todo el mundo está expectante para ver a su delegación o selección desfilar con los colores de la bandera nacional en uno de los acontecimientos deportivos más importantes. Además, es la oportunidad que tienen los países o ciudades anfitrionas de sobresalir y quedar en la historia.

Después de la presentación de cada uno de los países participantes, el acto de inicio continuó con los discursos y se dio lugar a uno de los momentos más simpáticos de la jornada: los pictogramas, algo que pasó sin mención en las ediciones anteriores.

Al mejor estilo del "teatro negro de Praga" pero con una persona vestida de azul en medio del estadio y otra de blanco que asistía a la figura principal, se representaron las imágenes que simbolizan a cada deporte olímpico (en este caso fueron 50 especialidades).

 

Estas representaciones tienen un valor muy importante, deben ser claras y directas para que permitan una rápida comprensión de la actividad. La utilización de esta modalidad comenzó en Tokio 1964 y desde entonces, el diseño de cada cita olímpica se desarrolló en línea que represente el estilo y la cultura de la ciudad sede. 

Los mimos simularon los dibujos con una velocidad, coordinación y gracia sorprendente. Hubo un pequeño desliz en el instante en el que el actor debía representar el bádminton y dejó caer su raqueta.

La desesperación de los integrantes del equipo del pequeño acto se notó al instante y tuvieron que acelerar para ponerse en sintonía. Sin embargo, ese "error" le brindó las simpatía y relajo a la performance.