Pasado mañana el presidente Mauricio Macri llegará a Brasil en visita oficial, en un encuentro que estará marcado por los dichos de Jair Bolsanaro sobre el futuro del Mercosur. Es por eso que la Cancillería esperará a que Itamaraty muestre las primeras señales y, por lo pronto, el Gobierno reconoce que si se rompe el acuerdo comercial, Argentina tiene más para perder. En la agenda nacional no hay temas relacionados al campo.

Según los primeros lineamientos que elaboró el Ministerio de la Producción y Trabajo de cara a la reunión entre ambos mandatarios, y a los que tuvo acceso BAE Negocios, se puede observar una gran confianza en que Brasil no romperá con el Mercosur dado que ambas naciones son "mutuamente dependientes", aunque el documento advierte que en caso de una "escalada comercial", la "Argentina tiene más que perder que Brasil".

Frente a eso, proponen "esperar a que haya más coincidencias que desencuentros" y para eso impulsan el "no apresurarse" en imponer temas sino por el contrario ver cómo "el nuevo gobierno se acomoda y señale un rumbo". Producción quiere hacer cambios en el Arancel Externo Común (AEC) de forma bilateral para luego llevarlo a los demás socios del grupo. Su implementación arrancaría en 2020.

También mostrará flexibilización en que se realicen "acuerdos consensuados" para habilitar a cada socio a negociar "ofertas individuales". Esto podría, entre otras cosas, abrir un cupo a EE.UU. que busca desde hace mucho tiempo exportar su trigo a Brasil, algo que Argentina siempre se opuso. El impacto podría ocasionarle al país un recorte en sus divisas superiores a los u$s1.000 millones.

Fuentes de la Mesa de Enlace y de entidades de la cadena triguera, se mostraron "tranquilos". "En última instancia si lo hace, será cuando no queden más cereales en el campo", señalaron.

Por otro lado, Argentina manifestará no estar "preparada" para ir al libre comercio en el sector automotriz. La asimetría entre ambos países requiere un "comercio administrado" por los próximos 10 años, afirmó el documento. En este punto se remarca al "flex" como una "herramienta" para promover inversiones locales , que de lo contrario se marcharían a Brasil.

El problema también se centra en la "especialización productiva". Es que hay algunos modelos nacionales que compiten con los brasileños como el Cruze de General Motors o el Fiat Cronos. Además hay proyectos futuros en igual línea para 2021 de Peugeot-Citroen. No es menor el dato que tiene el Gobierno: el actual desvío del flex de 1,9 muestra que hay un "desequilibrio productivo" y que genera "tensiones comerciales" en caso de liberarlo.

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