Enviado especial a Washington D.C.

El Gobierno desplegó durante los últimos días aquí una serie de discretas gestiones ante el Tesoro estadounidense para que vuelva a interceder a favor suyo en el directorio del Fondo Monetario, como lo hizo cuando el organismo accedió a ampliar el programa de asistencia firmado inicialmente en junio y convertirlo en el mayor crédito de su historia, por u$s57.600 millones. Aunque el ministro Nicolás Dujovne insistió ayer en que no busca modificar el sistema de bandas de flotación para poder intervenir en el mercado con más fuerza en caso de que el dólar vuelva a subir sensiblemente antes de las elecciones, fuentes de la propia delegación y del organismo confirmaron a BAE Negocios que existen negociaciones para que el FMI flexibilice la "zona de no intervención" y habilite al Banco Central a taponar una eventual corrida cambiaria preelectoral que pueda herir de muerte las aspiraciones reeleccionistas de Mauricio Macri. El patrocinio al que apuesta el Presidente es directamente el de Donald Trump, cuyo apoyo puede quebrar la negativa férrea del número dos del Fondo, David Lipton, que expresó enfáticamente la semana pasada su responsable para la región, Alejandro Werner.

"No estoy buscando apoyos ni cambiar nada. Funciona bien así", respondió lacónicamente Dujovne a este diario por whatsapp, antes de abandonar esta capital tras la Asamblea de Primavera del FMI y el Banco Mundial. La misma negativa sin entrar en detalles ofreció a los corresponsales y enviados que lo esperaban abajo del escenario luego de la conferencia que compartió ayer por la mañana con la directora gerente del Fondo, Christine Lagarde.

No hubo el habitual balance de cierre de gira que suelen hacer los ministros, máxime en un momento de tanta incertidumbre

Aunque ambos mantuvieron una reunión tras otra durante los cuatro días que duró la Asamblea, y pese a que cada uno de ellos viajó con su respectivo vocero, tanto Nicolás Dujovne como el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, optaron por un sugestivo silencio público durante su estadía aquí. Ni siquiera ofrecieron el habitual balance que suelen hacer los ministros al cabo de una gira de este tipo, máxime en un momento de tanta incertidumbre para la economía, con las tasas de interés cerca de su récord histórico (68% anual), la inflación arriba del 50% interanual y el riesgo país en máximos de la era Macri.

Dujovne asegura que cumplirá al pie de la letra con lo pactado con el FMI: dejar flotar el peso dentro de la banda prefijada, cuyo límite máximo hoy ronda los $51,50. Eso implica que hasta que no suba por encima de ese precio, el Central no puede vender reservas para evitarlo. En público, el jefe del Palacio de Hacienda asegura que alcanza y sobra con los u$s60 millones diarios que subastará el Tesoro desde esta semana hasta totalizar u$s9.600 millones en octubre. El director para América del FMI, Werner, salió a marcarle la cancha la semana pasada: advirtió que "el país no debe cambiar las reglas".

Otras voces oficiales discrepan. El propio ministro del Interior, Rogelio Frigerio, advirtió ayer mismo aquí que "en Argentina las subas del dólar operan distinto a otros países". Frigerio participó de algunas de las reuniones informales que hubo en la sede del Fondo. El sábado a las cuatro de la tarde, por su parte, Lagarde recibió en su despacho del séptimo piso al encargado del caso argentino, el italiano Roberto Cardarelli. El FMI no dio detalles sobre esas reuniones.

Sandleris buscó hacerle entender al FMI que una suba brusca del dólar antes de octubre puede dinamitar las chances de Macri

En las conversaciones reservadas que mantuvo sobre la zona de no intervención, según las fuentes de la delegación que pudo consultar BAE Negocios, Sandleris buscó hacerle entender al staff del Fondo la misma especificidad a la que aludió Frigerio para los micrófonos. Una suba demasiado brusca del dólar antes de octubre, explicó, puede dinamitar las chances de Macri de ser reelecto.

Es en esa afinidad política que el Gobierno pretende apoyarse para conseguir la venia del Fondo para usar las reservas del Banco Central, que el viernes cerraron en US$ 76.982 millones gracias al desembolso de casi 11.000 millones que hizo el Fondo el lunes pasado. Dujovne negó haberle planteado el tema al vice de Lagarde, David Lipton, con quien compartió una reunión a solas el sábado.

Pero durante su estadía acá se cruzó al menos cinco veces con Steve Mnuchin, el secretario del Tesoro de Trump, que fue la llave para que el Fondo ampliara el año pasado su asistencia a la Argentina. Por su peso en la economía mundial, Estados Unidos controla casi la cuarta parte de los votos en el directorio del FMI y tiene poder de veto sobre todas sus decisiones.

Dujovne también asistió en la sede del Tesoro a una reunión conjunta a la que Mnuchin convocó a varios ministros latinoamericanos para discutir la situación de Venezuela, donde Estados Unidos busca acorralar a Nicolás Maduro. Es precisamente ese alineamiento total de Macri con la política de Trump hacia América latina lo que convenció al Tesoro de apoyarlo en el board del FMI.

La autorización o no para que Argentina siga usando los dólares del Fondo para que el peso frene su derrape, en ese contexto, es más política que económica. Uno de los miembros de la delegación, de hecho, mostró en una de las reuniones directamente desde su celular las declaraciones que había hecho en Chile el día anterior el secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo. "El presidente Macri está haciendo el trabajo duro de tratar de reformar su economía. Le agradecemos por eso. Su pueblo va a estar mejor por eso. Su gobierno está tomando pasos difíciles pero importantes para construir un crecimiento sostenible", dijo Pompeo.

El problema para la estrategia gubernamental de mostrarse como el mejor alumno de Trump en la región es la emergencia de Jair Bolsonaro en Brasil. Su ministro de Hacienda, el ultraortodoxo Paulo Guedes, fue ovacionado por los tecnócratas del Fondo que lo escucharon desplegar su discurso privatista por primera vez. Y Brasil, además, es un jugador incomparablemente mayor que Argentina a nivel regional y global. Lo único que mantiene encendida la esperanza macrista de que Trump siga abogando por Argentina en el Fondo, incluso contra la opinión del resto del G-7, es que Bolsonaro también empezó a perder apoyos en su país.