Tras el estancamiento de la negociación con los bonistas y la caída del acuerdo de confidencialidad, el Gobierno termina de delinear los próximos pasos de cara a la reestructuración de USD66.248 millones de deuda externa. Este viernes vence la invitación al canje aún vigente pero la pulseada continuará. Fuentes oficiales aseguran que no hay ruptura. Es que, más allá de las amenazas de litigios, BlackRock y sus aliados no tienen entre sus costumbres visitar los tribunales neoyorkinos, y por lo bajo confiesan que la diferencia de unos USD5 de valor de recupero es demasiado baja para patear el tablero aún. Los otros dos grupos se desmarcaron y se mostraron menos confrontativos.

Hasta el cierre de esta edición el presidente Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, no habían definido el próximo paso en el proceso, que se anunciaría mañana. “Se están evaluando distintas opciones. El viernes cierra una etapa de la negociación y necesariamente hay que tomar definiciones”, confió una alta fuente gubernamental a BAE Negocios. En el Ejecutivo hacen números y calibran su nueva táctica.

Una de ellas es prorrogar por quinta vez la vigencia de la oferta de canje original, la única que fue formalizada en la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC), con la expectativa de volver a sentar a la mesa virtual a todos los actores, incluido BlackRock, e intentar avanzar en un acuerdo de canje generalizado.

Otra alternativa es enviar en las próximas horas la última versión de la propuesta a la SEC y abrir un nuevo período de suscripción con el objetivo de que ingresen los clubes de acreedores más dialoguistas, que eso arrastre a los tenedores minoristas y permita alcanzar el piso de adhesión que imponen las cláusulas de acción colectivas (CAC), que dan cobertura legal a la operación, en varios de los bonos a reestructurar. Es decir, avanzar en un canje parcial de la deuda, con el riesgo de sufrir litigios en los otros títulos. O, en una hipótesis más optimista, aprovechar la interna en Wall Street y apostar a que un aval de los otros dos grupos quiebre la posición del fondo de inversión más grande del mundo.

Tras la caída del acuerdo de confidencialidad, se conocieron la oferta oficial valuada en casi USD52, al incluir el cupón atado a exportaciones, y las dos contrapropuestas de los bonistas: la del Grupo Ad Hoc comandado por BlackRock y su CEO, Larry Fink, más el grupo Exchange de tenedores de bonos del canje 2005, con un valor presente neto (VPN) de más de USD57, que seguía muy alejada del marco de sustentabilidad desde la óptica del Gobierno; y la del Comité de Acreedores de Argentina (ACC por su sigla en inglés) junto a Fintech y Gramercy, mucho más cercana, con un VPN de USD53.

En un comunicado, el Grupo Ad Hoc amenazó el jueves con iniciar litigios en Nueva York ante la falta de acuerdo. Pero a pesar de ello plantearon que, con una diferencia de unos USD5, siguen abiertos al diálogo. Lo cierto es que hace años que Fink no inicia demanda judiciales por default y por eso algunos analistas del mercado leyeron la declaración como un nuevo round en el tira y afloje por obtener una tajada mayor. Pero, según fuentes oficiales, Fernández definió que no habrá una nueva mejora en la oferta.

En el Gobierno consideran que su pedido está muy alejado de las restricciones que enfrenta el país. Pero, según supo BAE Negocios de fuentes al tanto de las conversaciones, lo que más les molestó a los funcionarios de su contraoferta fue que reclamaran el mucho más estricto prospecto legal de los bonos del canje de 2005 rija para todos los nuevos títulos, incluidos los que recibirían los tenedores de deuda emitida durante la ola de endeudamiento de Mauricio Macri, que tiene un marco normativo más beneficioso para Argentina.

Entretanto, el grupo Exchange se desmarcó de la estrategia de BlackRock y evitó hacer advertencias. Vía Twitter, se limitó a expresar que su contrapropuesta demuestra un “compromiso de trabajar con Argentina y fue diseñada para colocar a Argentina en el camino hacia la prosperidad sostenible”.

La interna en Wall Street se reflejó en otro movimiento, que fue celebrado por el Gobierno. Como contó este diario, el ACC creció en los últimos días. Es que, desencantados por la estrategia beligerante de Fink, varios fondos decidieron migrar hacia el comité más dialoguista.

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