Tal como sucedió en los últimos años, la inflación terminó por encima de los pronósticos oficiales. El programa de Cambiemos para desinflar y aplicar corrección de precios relativos al mismo tiempo culminó con un alza de precios de 300% y un promedio de 3,8% en sus 18 meses finales. El 2020 arranca con nuevas expectativas de desaceleración. De todos modos, la baja de tasas en tiempo récord despierta preguntas y discusiones.

En ese sentido, los economistas hoy se dividen en dos. Por un lado, están los que advierten por “la trampa de febrero”, cuando estacionalmente la demanda de pesos vuelve a la normalidad de la que sale en diciembre-enero por el aguinaldo y las vacaciones. Ahí los pesos inyectados podrían irse masivamente a consumo, en el contexto del programa fiscal redistributivo del Gobierno, o al dólar.

Por el otro, están los que afirman que, con alta capacidad ociosa, no hay riesgos de inflación vía exceso de demanda para consumo y que con cepo y financiamiento segmentado, una potencial corrida cambiaria no podrá ocurrir en forma masiva. Además sostienen que la baja en la tasa de interés tiene un potencial impacto positivo sobre los costos de las empresas, en el caso de que se verifique una baja en la tasa de interés con la que se financiarán.

El plan antiinflacionario del equipo económico del Gobierno minimiza relativamente la importancia de lo monetario en la dinámica de precios. Se basa en el acuerdo de precios y salarios por venir, en el congelamiento de tarifas y el atraso cambiario. La desaceleración esperada para el 2020 es moderada: la economista de LCG, Melisa Sala, sostuvo que el año terminaría con una inflación de 45%. Ecolatina prevé una de 40%. El Grupo SBS otra de 46%.

Para enero la expectativa es similar, una baja leve, que según Ecolatina la llevará a 3,4%. Eso de la mano del congelamiento tarifario y de los combustibles, el atraso cambiario y el mínimo descenso en los medicamentos. Lo mismo se espera para el primer trimestre en general. En la otra dirección, con la vuelta del IVA vendedor en los alimentos, durante la primera mitad de enero los alimentos y bebidas anotaron las mayores subas, según el IPC Ecolatina, con aumentos en carnes, frutas y verduras.

Ayer el Indec publicó el IPC Nacional de diciembre, que mostró una desaceleración de 0,6 punto respecto a los niveles de noviembre. Con todo, la inflación del último mes del 2019 fue de 3,7%. El mayor impacto apareció por el lado de la núcleo, lo que mostró la continuidad del traspaso de precios de la devaluación de septiembre. Fue de 3,7% (idéntica a la inflación general) y en el año totalizó 56,7%.

La devaluación fue la gran explicación de los picos inflacionarios de la gestión Cambiemos. El otro gran impacto fueron los precios regulados. Si bien en el año ese grupo estuvo en 48,2%, es decir por debajo del total, en diciembre fue de 4,6%. Aunque durante la segunda mitad del año pasado hubo congelamientos generalizados para la energía, la salud, por los medicamentos y la prepagas, traccionó hacia arriba, con una suba de 72,1% interanual. Fue así la división que más aumentó durante el 2019. En diciembre, además, los combustibles aportaron nuevas subas y “Transporte” aumentó 5%.

También de 5% fue la meta inicial que se había planteado Cambiemos para la inflación 2019. Terminó quedando muy por encima.

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