La inversión viene traccionando la recuperación de la actividad económica. El dato resulta destacable porque es un indicador de las capacidades de crecimiento futuras y porque en lo peor de la crisis pandémica llegó a observarse una destrucción de capital que ponía en jaque esas potencialidades productivas. En el cuarto trimestre del 2020, la recuperación de la inversión la llevó a una participación sobre el PBI de 15,8%, nivel que no se veía desde el veranito macrista, a fines del 2017.

Incluso llegó a superar los registros de ese momento histórico, en el que la obra pública keynesiana buscó reanimar a la actividad económica, de cara a las elecciones legislativas de octubre del 2017. La construcción fue la que traccionó a la producción y arrastró con ella a la industria que se dedica a abastecerla. Mientras que el cuarto trimestre del 2017 la participación de la inversión en el PBI fue de 15,6%, en el mismo período del 2020 llegó al 15,8%.

Los nuevos números ubican a la formación de capital fijo en niveles de normalidad histórica, luego del pozo en el que cayó durante el segundo trimestre del 2020, en lo peor de la pandemia, cuando las empresas permanecieron cerradas al punto de que se perdió en torno al 70% del valor agregado (el cálculo es de la UIA pero abarca a todos los sectores de la economía). Ahí la participación de la inversión sobre el PBI llegó a ser del 9,6%. Por debajo de lo que se observó en lo peor del 2002 y parecido a las hiperinflaciones de 1989 y 1990.

El número pasó relativamente desapercibido pero la magnitud del problema era preocupante: implicó destrucción de capital. Es decir, la reposición de maquinarias y estructuras no llegó a cubrir su desgaste natural y se perdieron capacidades productivas. La potencial continuidad del fenómeno implicaba la posibilidad de que se comprometiera el rebote posterior y su velocidad de ocurrencia.

Por suerte, no duró demasiado. Ya en el tercer trimestre la inversión se disparó y su participación sobre el producto llegó a ser de 14,5%. Niveles más normales pero todavía algo bajos. Por caso, se mostraban menores a los del promedio 2011-2015 y también del 2017, aunque eran acordes con las crisis del 2016, 2018 y 2019.

Ya en el cuarto trimestre del 2020 el 15,8% acomodó a la cuestión en rangos normales y parecidos a los del pasado más virtuoso, aunque entre el 2005 y el 2008, e incluso en el 2010 y 2011 estuvo siempre por arriba del 17%. Tener un nivel de inversión sobre PBI alto implica más maquinaria y construcciones que permitan producir más en el futuro.

La destrucción de capital duró poco

Cuando en el segundo trimestre la inversión tocó niveles mínimos, el director Centro de Estudios de la Productividad y coordinador del proyecto Arklems, Ariel Corenberg, explicó la importancia de ese dato: “Más allá de la caída del PBI, lo que se observó es que estamos invirtiendo tan poco como en las peores crisis argentinas, que fueron las híper. Invertimos menos de lo que se necesita para poder sostener la capacidad productiva. El capital que utilizás para producir se va depreciando. Tiene un desgaste, una obsolescencia y tenés que invertir solo para poder reponerlo. En el proyecto Arklems calculamos que para que se sostenga el stock de capital en Argentina es necesario que la tasa sea de entre 12% y 14%. Al ser de 9,5%, cayó la inversión no sólo bruta sino la neta”.

Y agregó: “La capacidad de producción de una economía, representada por su capital fijo, es decir maquinarias, construcción, silos, tinglados, etcétera, precisa ese 12%. Ahora invertimos menos y eso implica que se caen las tuercas, los tornillos, se descascara la construcción industrial. Se destruye PBI potencial, sin catástrofe, sin terremoto”.

En ese mismo entonces, el economista del Instituto de Trabajo y Economía de la Fundación Germán Abdala (ITE-FGA), Leandro Ottone, remarcó que le resultaría preocupante que el nivel de 9,5% se estire en el tiempo y que por ahora, en lo que va del tercer trimestre, se observó una mejora en términos de inversión: “Es un trimestre, nada más. El problema es si pasan varios trimestres. Hubo una crisis pandémica y el segundo fue el peor trimestre de todo el año, en particular en abril. Luego hubo una recuperación de la inversión, sobre todo en construcción. Hay que destacar cómo se llegó a esto. Venimos con una utilización de la capacidad instalada muy baja, la diferencia de nuestra crisis respecto a las de otros países es que venimos de dos años consecutivos de caída”.

La inversión viene traccionando y en enero volvió a crecer

La inversión bajó 34,4% en el primer semestre del año. Más de un tercio. Después protagonizó un rebote acelerado. En el tercer trimestre creció 42,9% y en el cuarto 17,3%, lo que implicó una suba acumulada de 67,6% en el segundo semestre. El año terminó 10% por encima del cierre del 2019.

Desde la consultora ACM explicaron: “La inversión fue el componente que encabezó las recuperaciones con una suba del 17,3%, en este sentido cabe resaltar que, en primer lugar, se trata de uno de los componentes más volátiles en el ciclo. En segundo lugar, las restricciones a la movilidad afectaron menos a la inversión, llevando una recuperación más dinámica de la inversión que del empleo. Finalmente, la ampliación de la brecha cambiaria durante dicho trimestre combinada con tasas bajas en pesos llevó a un incremento en la adquisición de bienes de capital importados”.

La dinámica de recuperación (aunque sobre el PBI, lo que permite ver la importancia relativa de ese tipo de gasto, supera a los niveles de 2017, en términos absolutos todavía está bien por debajo) continuó en enero. Según el Indicador Mensual de la Inversión (IMI) del ITE-FGA registró un nuevo crecimiento de 3,8% respecto a diciembre. Fue el noveno mes consecutivo de rebote.

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