La tasa de desempleo en las mujeres más jóvenes persiste y preocupa. En el segundo trimestre de 2020 saltó casi cinco puntos a 28,5%, según el Indec, y la cifra deja en evidencia que el mercado de trabajo ofrece más empleo precario que de calidad para la población más joven, un problema estructural. Además, la pandemia de coronavirus profundizó el sesgo de género ya que obligó a multiplicar las tareas de cuidado no remunerativas en los hogares. En este marco, urgen las políticas de inclusión y protección laboral específicas para el sector y también para la población LGBTIQ+, que no aparece en los registros oficiales.

La brecha laboral de género se explica por muchos factores. El más importante es la distribución desigual del trabajo doméstico realizado en un 75% por mujeres que les dedican en promedio 6,4 horas diarias. Una actividad que aporta un 15,9% al PBI, de acuerdo a un informe de la Dirección Nacional de Economía, Igualdad y Género (DNEyG). El tiempo y las tareas se multiplican con la presencia de hijos e hijas y más aún con la llegada del Covid-19 que cerró escuelas, confinó a la población y acrecentó la demanda de cuidados.

Así lo analizó la economista doctora en Ciencias Sociales e investigadora del Conicet Corina Rodríguez Enríquez quien resaltó que “la posición económica también es influyente” ya que “en los sectores más vulnerables el nivel educativo es más bajo y esto limita las posibilidades de conseguir empleo” en tanto que “empiezan a ser madres a muy temprana edad y la responsabilidad del cuidado y de llevar un ingreso al hogar comienza antes”

“Es un efecto relacionado a la informalidad”, explicó y agregó que “son actividades que han sido aceptadas” en este contexto de emergencia sanitaria. En la misma línea, Patricia Laterra, economista y docente en Economía y Género (FCE-UBA /FCE-UNLP), advirtió que por el aumento de las tareas domésticas “muchas deciden no salir a buscar empleo”.

Preocupa, en este contexto, la tasa de inactividad que creció casi a un 60% mientras la tasa de empleo en mujeres se mantiene baja (cayó más de 9 puntos interanual). “Juega el desahucio, el miedo a contagiarse, los permisos, la brecha tecnológica a la hora de realizar el home office”, indicó Laterra.

Camila Barón, economista con perspectiva de género, acentuó en diálogo con BAE Negocios que en muchos casos las únicas opciones que da el mercado laboral “son trabajos precarios e informales que en general tienen también una tasa de entrada y salida de mercado más altas”.

Para la politóloga y magíster en sociología económica Tania Rodríguez, “las diferencias salariales, la segregación (vertical y horizontal) y la discriminación en el "acceso" a ciertos puestos de trabajo inciden estructuralmente en las trayectorias laborales de las mujeres” al tiempo que “están más expuestas a ser expulsadas del mercado de trabajo asalariado ya que son despedidas y no son recontratadas o han visto afectados sus ingresos por el cese de la pandemia”. 

“Son además afectadas por la precarización de los sectores que sostienen la vida durante la pandemia: salud, trabajo doméstico y cuidados, además de todas las trabajadoras de espacios comunitarios de contención social y territorial”, evaluó.

IFE y AUF y el nuevo bono

El Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que entrega Anses como ayuda económica por el impacto del coronavirus fue percibido en un 55,7% por mujeres. La medida tiene un efecto y una mirada de género y contribuye a cerrar brechas de ingresos: la diferencia entre asalariados y asalariadas formales es de 29,0% y asciende al 35,6% en el mercado informal.

El Gobierno ya piensa que el reemplazo del bono de $10.000 sea destinado a los y las jóvenes de entre 18 y 24 años que dejaron de cobrar la Asignación Universal por Hijo (AUH) y que no son alcanzados por alguna otra prestación. Sin embargo, las políticas de transferencia directa son “necesarias” en un contexto de crisis pero “insuficientes”, coincidieron las analistas, para resolver el problema del mercado precario de trabajo.

“Tiene que haber una apuesta fuerte desde la política pública por impulsar la ampliación de los servicios de cuidado para poder permitirles a esas mujeres que hagan otras cosas. Cualquier programa de empleo específico para jóvenes no va a tener buenos resultados si no se dan vuelta las estructuras económicas”, detalló Enríquez.

Para Tania Rodríguez, “las políticas de ingresos han sido y son fundamentales, pero debe considerarse que muchas jóvenes forman parte de ese universo de trabajadores informales, de trabajadoras jóvenes desempleadas o que vieron afectada su actividad e ingresos por la pandemia; por lo tanto, es necesario diseñar políticas de protección en los lugares de trabajo (contra despidos y rebajas salariales)”.

En tanto, Laterra, también integrante del Espacio de Economía Feminista (EEF-SEC), propone “incrementar desde el Estado los espacios de cuidado de los niñas y niñas desde sus primeros años, además de fortalecer el cuidado de adultos mayores”. A la vez, apuntó a fortalecer la Educación Sexual Integral (ESI). 


 

Las trabajadoras de casas particulares, las más desprotegidas

El servicio doméstico es una de las actividades que registraron caídas más intensas, indicó el informe del Indec, y es un sector fuertemente feminizado: un 97% son mujeres y una de cada cinco mujeres empleadas en Argentina trabaja como empleada de casas particulares. A la vez, es un trabajo que en un 70% se realiza de forma informal.

Estos factores ubican a las trabajadoras de servicio doméstico en situación de desprotección laboral. De hecho, se estima que en los meses de pandemia entre 50.000 y 55.000 empleadas fueron despedidas, de acuerdo a datos de la Unión del Personal Auxiliar de Casas Particulares (Upacp).

El IFE contempla al servicio doméstico y según coincidieron las especialistas “implica un reconocimiento” importante y apunta a mejorar la brecha. No obstante, Barón advirtió sobre la necesidad de “políticas específicas regulen sus ingresos ya que componen uno de los sectores con ingresos más bajos”. “Hay formas de controlarlos ya que generalmente son los sectores de alto poder adquisitivo quienes más contratan y evaden el registro de sus trabajadoras”, explicó.

La mirada binaria, otro factor de desigualdad

Los datos trimestrales del Indec desagregan por edad, sexo y zona geográfica. Pero la población LGBTIQ+ no tiene registros en el mercado de trabajo. “Nos faltan elementos para pensar qué pasa con las personas LGBTIQ+ en lo laboral. La pandemia les afecta específicamente porque es una parte de la población que tiene empleos precarios informales o autogestivos”, advirtió Laterra.

Y describió: “Se necesita que se piensen políticas de sostenimiento de ingresos y empleos para esa población. Sus realidades no aparecen en las estadísticas y forman parte de la problemática de la falta de ingresos para la reproducción de la vida”.

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