Matías Tombolini, vicepresidente del Banco Nación, cree que las condiciones externas y la situación local ofrecen un escenario para el crecimiento de la economía argentina durante los próximos 20 años.

A poco de haber lanzado su nuevo libro, "La otra campana", el economista explica por qué piensa que el precio del dólar blue no es un problema, defiende a las criptomonedas y no oculta sus deseos de competir en las elecciones de este año.

—Publicaste en mayo un libro llamado "La otra campana". ¿Cuál sería esa otra campana? 
—Hay una campaña hegemónica que tiene que ver con cómo los medios de comunicación tradicionales transmiten un diagnóstico de la situación que creo que está bastante sesgado. "La otra campana" lo que busca es contar la historia del presente argentino en tiempo real, intentando que el debate transite un poco más por los datos y menos por los relatos, que son a veces muy maniqueos. No está mal que debatamos, pero estaría bueno que el debate nos permita arribar a una conclusión sobre cómo mejoramos la vida del conjunto. Eso es justamente lo que nos falta en la Argentina.

—En el libro decís que es imposible solucionar los problemas de los argentinos sin un diagnóstico claro de lo que pasa. ¿Cuál sería ese diagnóstico de la situación de hoy?
—Argentina empezó a transitar la pandemia con mucho menos margen de maniobra que el resto de los países de la región, lo que supuso que solo se pudiera financiar con emisión monetaria. Venía de un proceso de caída del salario real, de un default virtual y en una situación complicada para hacer frente a la negociación con los bonistas y el FMI. 

Y aparece la pandemia. El diagnóstico actual es que el país tiene condiciones internacionales que muestran un poco más adelante una situación muy buena para el crecimiento de la economía, independientemente de qué tan bien o mal hagamos las cosas. Y que por otra parte tiene las restricciones sociales del crecimiento del hambre y la pobreza, y de la inflación y la caída del salario real, centrales en la cuestión de poder fortalecer el mercado interno a través del consumo.

—Dijiste hace poco que a Argentina le esperan 20 años de crecimiento seguido. ¿Por qué esta visión optimista en el contexto de crisis actual?
—Primero hay un componente cíclico, que son bienios o trienios de crecimiento que Argentina transitó todas las décadas, cuando la situación de precios relativos fue favorable para el país, y creo que esto se está dando ahora. Por otro lado, a diferencia de las veces anteriores, creo que esta situación de precios relativos tiene una condición de mayor estabilidad a mediano plazo porque el plan de expansión fiscal de Estados Unidos invita a pensar que hay un dólar débil en el futuro, con la contracara que son commodities con buenos precios.

Además el crecimiento de la demanda china de commodities obviamente favorece a Argentina y representa un sostén de precio. Creo que China entró en un proceso distinto del de comienzo de siglo XXI, que tiene que ver con la gran disputa de los próximos 40 años. Va a dejar la guerra de monedas por el lado de la devaluación para entrar en una fase invertida, o sea competir con una moneda potente por la productividad. Entonces, hoy cae el dólar pero el yuan y el resto de las monedas no caen sino suben, y Argentina, aun retrasando su tipo de cambio, no pierde competitividad, porque clientes-socios como el Mercosur, la Unión Europea o China reevalúan su moneda. No nos apreciamos tanto porque el resto de las monedas se apreciaron más que nosotros. Y Brasil, creciendo con más fuerza, arrastra al PBI argentino.

Entonces veo una condición de crecimiento con una ventaja parecida a 2002. Sin vencimientos de deuda en dos o tres años, todas las divisas que Argentina genera pueden ser usadas para financiar importaciones sin que eso apriete demasiado sobre la restricción externa. Hay un panorama interesante que habrá que ver si dura los 20 años que digo o no.

—La actividad económica cayó en abril en términos intermensuales y todavía sigue en niveles por debajo de la pre pandemia. ¿La recuperación viene más lenta de lo esperado?
—Creo que está claro que esta caída de 1,2% en abril contra marzo obedece a distintos factores. Seguimos un aumento cuatrimestre a cuatrimestre. Obviamente por efecto de que en abril estuvo parada la economía, contra diciembre del año pasado seguimos 0,5% arriba, y contra abril del año pasado 28,3%. Es decir que no veo un cambio de tendencia. Lo que creo es que si mirás el Stringency Index de Our World In Data abril se pareció bastante a junio y tuvo más restringida la movilidad que en marzo. Mayo va a dar peor porque se cerró mucho más la economía y julio vas a retomar un sendero más vigoroso. Me parece que la ralentización de la economía está determinada por el nivel de cierre de la mano de la llegada de la segunda ola. Creo que tendremos los últimos seis meses del año con una economía en un buen nivel de crecimiento. 

—¿Qué pasará con la inflación si la economía se acelera? ¿Por qué falló el pronóstico del 29% del Gobierno?
—Me parece que se acertó en que marzo iba a ser el mes de más inflación. La pregunta es: si en el Presupuesto en vez de 29% poníamos 40%, ¿cómo se hubiera dado el conjunto de negociaciones relativas a lo que venía? Me parece que (la inflación) va a estar en torno a los 40 puntos (en 2021). Hicimos 4,8% en marzo, 4,1% en abril, 3,3% en mayo y creo que en junio hay chance de que esté entre 2,9% y 3,3%.

La desaceleración (inflacionaria) con crecimiento económico es razonable. Se va a desacelerar la suba de precios por: 1) menor financiamiento monetario del déficit por el déficit más chico, 2) Control del mercado de cambios, que va más despacio que los precios pero no mucho, 3) precios regulados, porque, cuando se congelen, el resto de la economía va a subir, pero con ese ancla. Este año, a diferencia de 2020 cuando el promedio de los (precios) nacionales para mayor había duplicado el IPC, hoy están por debajo. Y el otro factor es la convergencia de expectativas inflacionarias de precios y salarios. 

El Gobierno está haciendo lo posible y va a haber desaceleración, lo cual indica que la política inflacionaria es bastante acertada. Aunque sigue siendo el problema más importante de la macro argentina, cuya consecuencia es la caída del salario real.

—Otro problema inmediato es la volatilidad del dólar blue, que en las últimas semanas tuvo su mayor amento en el año. ¿Es algo transitorio o puede seguir así en los próximos meses?
—Si mirás el monitor cambiario hay una volatilidad, sí, pero, ¿realmente podemos decir que el blue presentó volatilidad peligrosa? Vale lo mismo que valía a inicios de año, o sea que fue el precio relativo que menos subió. Acumula una suba de 2,4% en los últimos 12 meses con una inflación del orden de los 48 puntos. El blue subió 38,1% y el oficial 37,1%, con lo cual a mí no me parece que tengas un fantasma peligroso.

—¿Qué balance hacés de la gestión del Banco Nación en cuanto a la pandemia? Sobre todo en la asistencia a los diferentes sectores que tuvieron que atravesar la crisis: empresas, clase media, trabajadores en blanco, informales.
—¿En qué tenemos que mejorar? Agilidad, procesamiento de información, proceso de transformación digital. Elementos que identificamos como debilidades que tiene nuestra institución. Es mandato del Presidente que los mejoremos. Eso supone acaballar un proceso de transformación digital con un cambio cultural en un banco cuyo criterio de éxito no es el lucro, con una lógica distinta de la banca privada, porque pagamos millones de jubilaciones y planes, imprimimos la Tarjeta Alimentar, etc.

¿Qué se hizo? Se colocaron 320.000 millones de pesos en paquetes de asistencia covid y las líneas de crédito para recuperación de la economía con tasa rebajada por ejemplo para los sectores críticos, para pymes, para directorios con mayoría de mujeres, etc. Es decir que el banco tuvo una actitud proactiva y no solo corrió a la realidad de atrás. Se implementaron políticas que permitieron que el banco esté seteando la agenda del sistema financiero, más allá de que el banco no mueve tanto la aguja macro.

—Algunos de los sectores más afectados, como gastronomía, cultura, eventos, etc., opinan que la ayuda no alcanza. Y las pymes se muestran preocupadas porque el crédito real está estancado desde noviembre. ¿Hay algún plan para ellos?
—Lo que pasa es que el problema no es la oferta sino la demanda de crédito. En general cuando se contrae la economía se contrae más la demanda de crédito, porque hay incertidumbre respecto al futuro. El banco no tiene corazón, y es razonable porque administra el dinero de los depositantes, activos de terceros. Por lo que cuando le prestamos esa plata a un tercero tenemos que fijarnos que el flujo de fondos prometido sea tal que permita ese pago. Mucha pyme tiene algún nivel de restricción, pero no es que la pyme que necesita no encuentra financiamiento. Lo cierto es que la demanda de crédito es baja porque la economía se contrajo. Otra cosa es el subsidio, son cosas distintas.

—En mayo el Banco Central y la CNV advirtieron sobre los riesgos de los criptoactivos, por ejemplo al decir que son volátiles o que no tienen respaldo real. ¿Cuál es tu opinión?
—Creo que no debemos combatir a la tecnología blockchain sino convivir con ella. Yo soy, no diría un militante, pero sí un curioso observador de las criptomonedas. Creo que el blockchain ofrece herramientas que deberían permitirnos hasta rediscutir ciertas características del contrato social. Digo que todos los procesos de carácter de regularización dominial, para lo que en Argentina falta mucho, deberían estar organizados sobre tecnología de blockchain. A mí me parece que hay que facilitar las transacciones en criptoactivos. En definitiva los criptoactivos responden a un mito compartido. Yo no conozco a nadie que respire o coma oro, pero todos creemos en el oro. Mañana si en vez de llamarse oro se llama bitcoin y en vez de ser una pepita es la transformación de un proceso de energía como resultado de un cálculo de cadena de bloques, entonces me parece que hay que mirar eso con mucho detenimiento. Creo que es algo que va a seguir profundizándose en el futuro.

—La semana pasada Mercado Pago aumentó sus comisiones y culpó al Banco Central por ubicarlo entre las empresas que reciben el pago a más largo plazo. ¿Qué opinás en esta polémica de ya varios episodios entre las autoridades públicas y las empresas de plataforma como Mercado Libre?
—Me parece que la idea de las fintech invita a tener una mirada filosófica. No hay que ir contra sino trabajar con las fintech. Los Mercado Pago de la vida tienen que ser socios del desarrollo nacional y sus enemigos. Ahora, que agreguen valor y que tengan una mirada vinculada a la experiencia del usuario está perfecto, pero que el empleado de las fintech sea bancario, que compitan como compite en sistema financiero y paguen impuestos como tales. O que le bajen a los bancos las regulaciones que hacen que justamente tengan algunas ventajas. Yo creo que no hay que enojarse con Mercado Pago, hay que competir y ganarle en la cancha, poniéndole las mismas restricciones que tenemos nosotros. Y si Mercado Pago se molesta porque le piden que compita en igualdad de condiciones con todo el mundo, es un problema de Mercado Pago. Hay que mirar las dos caras de la moneda.

—¿Vas a ser candidato este año?
—Formo parte de un proceso político que va a definir a los candidatos mucho más allá de mi voluntad. El espacio que conducen Alberto y Cristina tiene líderes claro en el distrito (CABA) que son Mariano Recalde, Víctor Santa María y Juan Manuel Olmos, y mi referencia política es Sergio Massa. Yo no soy un librepensador, creo en los proyectos y no en las especulaciones personales. Si al proyecto le conviene que alguien como yo, que tiene una mirada más de centro, represente la agenda política que necesitan los referentes del espacio, mi vocación es la de competir en las elecciones. Pero es una decisión que tiene que responder al interés colectivo y no al individual.

—¿Por qué decidiste volver al massismo? ¿En qué sentido antes no respaldabas al proyecto del Frente de Todos y ahora sí?
—Creo que Consenso Federal fue un intento de síntesis que la sociedad no acompañó, pero cuya agenda era muy parecida a la de Alberto cuando inició el gobierno. Después vino la pandemia, pero antes la idea de la renegociación con el FMI y los bonistas privados, la lucha contra el hambre, la idea de dinamizar el consumo, un tipo de cambio competitivo, son cuestiones convergentes con el discurso de Roberto Lavagna. Fue la sociedad la que dijo que la ancha avenida del medio era una vereda chiquita.

La pregunta es, ¿escuchás lo que la sociedad está manifestando o te encaprichás? Yo no me encapriché. Y no es que decidí sumarme electoralmente a último momento, Alberto me convocó antes de la formación del gobierno. Me propuso formar parte de un gobierno ancho y profundo que tenga todos los matices. Queda claro que Sergio no es kirchnerista y es un matiz, como Alberto y Cristina son matices. El FDT ha ido metabolizando las diferencias en un proceso que lo tiene hoy más unido que nunca y a la oposición más dividida entre la derecha extrema y el centro. Porque no me podés decir que Martín Lousteau tiene la misma agenda que José Luis Espert, que hasta hace tres minutos estaba en Juntos por el Cambio. Pero Alberto y Cristina sí tienen agendas compartidas con matices.