ENTREVISTA

Compromiso Fiscal: para el presidente de ASAP, "la rigidez no es la solución"

Gonzalo Lecuona sostuvo que la iniciativa corre el riesgo de quedarse en el camino si no cuenta con un amplio consenso político y social

El objetivo oficial de asegurar el equilibrio fiscal por medio de la ley de Compromiso debe contemplar ciertos criterios de flexibilidad y contar con el más amplio consenso posible para que pueda implementarse con éxito y no quedar en el camino como otras iniciativas similares.

Así lo sostuvo en una entrevista con BAE Negocios el presidente de la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP), Gonzalo Lecuona, quien advirtió sobre los imponderables que pueden presentarse y afectar al menos transitoriamente ese objetivo, como ocurrió con la pandemia de coronavirus, así como inundaciones, sequías o incendios forestales.

Lecuona recomendó analizar el cada caso las causas de un eventual déficit, así como considerar las opciones más favorables para su financiamiento, pero siempre teniendo al equilibrio fiscal como “faro”.

 

Necesidad del más amplio consenso

 

—¿Qué opina sobre el proyecto de ley de Compromiso Fiscal que impulsa el Gobierno?
— Toda ley en un ámbito democrático requiere un nivel de debate amplio, para que una vez que se aprueba sea cumplida. Una ley se aprueba en un contexto y una cultura determinada. Si se aprueba algo que no tiene que ver con las cuestiones básicas de la cultura de una sociedad, tiene demasiada rigidez o está fuera de las cuestiones particulares normales de funcionamiento, tiende en general a ser débil en su implementación, porque la propia sociedad va a tender a buscar mecanismos para eludir, evadir o sortear la propia ley. Para atenuar ese impacto siempre es importante llegar a niveles importantes de consenso en términos legislativos. Aunque no sea un requisito, algunas leyes es saludable que sean aprobadas por dos tercios o más. No digo unanimidad porque las sociedades tienen diferencias, pero debería tener algún nivel de consenso significativo.

 

El riesgo de un incumplimiento

 

— ¿Y cree que se está dando ese consenso en la actualidad?
—  No sé cómo va a terminar el camino, lo que sí es importante es que tenga el máximo nivel de debate posible, no con la aprobación de la mitad más uno. Cuanto mayor sea el consenso, mayor será su sostenibilidad, no solo legislativa, sino también en términos de obligaciones. Porque un bajo nivel de consenso revela que hay sectores de la sociedad que no están de acuerdo. Y ya sabemos cómo funciona una ley en esas condiciones. Siempre va a haber cosas para mejorar, dependerá del nivel de apertura que haya y las propuestas que se hagan para mejorarla. Un debate amplio, participativo, no garantiza, pero aumenta la probabilidad de que la implementación de la ley sea bastante exitosa. En la medida que no se haga todo eso, corremos el riesgo de tantas otras leyes que no han llegado a cumplirse, como tantas leyes de Responsabilidad Fiscal que hubo. Después, la misma realidad obliga a que las diferentes instituciones tengan que ceder.

 

Qué hacer ante una emergencia

 

—  ¿Entonces, hay que aceptar esa realidad, aunque indique que tiene que haber déficit? 
—  Si la realidad indica que hay que tener déficit, hay que aceptarlo y someterse esa realidad. Ocurre que desde la vuelta de la Democracia, las palabras “déficit” o “deuda” tienen una connotación negativa. Depende si el déficit es extraordinario, habitual o estructural, si es en gasto corriente o en gasto de capital. ¿Cómo  lo financio? ¿Me endeudo a corto o a largo plazo? ¿Con quién me endeudo y a qué tasa de interés? No es una respuesta lineal. Llegó la pandemia y el déficit no lo puedo evitar ningún casi ningún país, no les quedó otra alternativa que gastar más de lo que les ingresaba. Y eso fue porque estaba el mundo parado y no había capacidad para generar ingresos. Es un ejemplo extremo eso, pero muestra que ante determinadas circunstancias como una inundación, una sequía, algún conflicto de los montones que vemos por el mundo,  se generan desequilibrios financieros.

 

Déficit cero, un “faro”

 

—  Ante una inundación como la de Bahía Blanca, una sequía o un incendio forestal, ¿qué hacemos con el déficit cero? 
Son ejemplos extraordinarios, pero no hay que llegar a tanto. La gran pregunta es cómo se financia, con emisión monetaria, bonos, reperfilamiento de deudas, algún incremento tributario, un aporte no reintegrable de algún fondo… La solución no es la primera que aparezca, hay que analizar cuál es la causa del déficit. Y si la causa justifica salir a buscar financiamiento, debe buscarse las mejores condiciones para llegar al equilibrio en el plazo más corto posible.

Sin duda que el déficit cero es como un faro, un concepto que siempre hay que tener presente. Pero hay que ver si la ley deja algunos márgenes, algunas salidas para situaciones específicas. Plantearlo como “déficit sí o déficit no”,  te hace ver como bueno o malo,  pero esa no es la lógica de funcionamiento.Se puede estar preparado o no para transitar un desequilibrio, con un fondo anticíclico, una reserva. No es lo mismo tener un Banco Central Europeo o una Reserva Federal como soporte. No es lo mismo en la Unión Europea ser España o Grecia, que ante un desequilibrio tienen un BCE que les da un respaldo, aunque con exigencias y metas a cumplir.

 

 

Flexibilidad sí, rigidez no

 

— ¿Cuán flexible y cuán rígida tendría que ser la ley?
Uno  de los principios del presupuesto es el de flexibilidad. El presupuesto forma parte de una planificación y cuando planifico hay solo una cosa que sé con certeza: le voy a errar, seguro. Si proyecto recaudar 1.000, es muy raro que recaude exactamente eso, recaudaré más o menos, lo mismo ocurre con el gasto. La planificación permite anticipar, organizar, optimizar la aplicación de recursos, pero eso no significa que se tenga que gastar exactamente lo que se proyectó, porque la realidad no es exacta. En la medida que la distribución presupuestaria sea lo más debatida y consensuada posible, aumentará la probabilidad de que sean sostenible en el tiempo, más allá de los cambios de partidos políticos en el poder. 

Claramente, la rigidez no es la solución porque la realidad no es rígida, es flexible. ¿Cómo voy a saber qué va a pasar con el conflicto entre Ucrania y Rusia, qué va a pasar con el gas, los alimentos? ¿Qué va a pasar con el incremento de aranceles de Estados Unidos, el desarrollo de la Inteligencia Artificial? No se puede saber, lo que sí se puede es rodearsee de expertos en cada uno de los temas, administrar escenarios y analizar el más probable, asignar recursos según prioridades y en función a eso avanzar. La rigidez quita herramientas, quita capacidad de reacción cuando la realidad evidentemente cambió.

 

No estoy descalificando la rigidez como concepto, quizás. Mi faro es el equilibrio y no quiero ser flexible en ese punto. Y si me endeudo, que sea para hacer ferrocarriles, escuelas, rutas, puertos. Si eso es rígido, bienvenida a la rigidez. 

 

No quedarse con un solo modelo

 

— En Perú está prohibido por la Constitución que el Banco Central financie al sector público, una propuesta que obtuvo el apoyo de muchos políticos y economistas en la Argentina. ¿Está de acuerdo con adoptar un criterio similar en nuestro país?
— No soy partidario de copiar y pegar lo que hacen otros países. Perú tiene su cultura, su entorno y su contexto. Argentina tiene su cultura, su entorno de su contexto. Si en el marco de un debate profundo, entendemos que hay que ir hacia un modelo igual o parecido al peruano, perfecto. Pero va a estar bien en la medida que logremos el consenso. Tengamos en cuenta que eso a Perú le da estabilidad macroeconómica, pero no política. No hay que fanatizarse y no lo digo por Perú, en otros años se hablaba de Nueva Zelanda, los países escandinavos, España, Uruguay. Pensemos en la cantidad de habitantes, nivel de educación, despliegue territorial, etc.

 

Es saludable el ejercicio de ir analizando modelos exitosos de otros países. Con lo que no estoy de acuerdo es que nos quedemos sólo con un modelo; hay que poner sobre la mesa todas las opciones y ver cuál es la más adecuada para nosotros. Las políticas basadas en evidencia son parte de lo que tenemos que aprender. Argentina es un país que vive refundando todo, cada vez que cambia un gobierno. 

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