En esta era hegemonizada por Spotify o iTunes como medios de reproducción digital de música (por no hablar de plataformas audiovisuales como You Tube o Vimeo), se nos hace difícil dimensionar la influencia de la aparición de los primeros gramófonos en los hábitos de consumo y entretenimiento popular en las primeras décadas del siglo pasado. Relegados a venerables piezas de museo, sus altavoces y bocinas hoy no emiten sonido alguno, pero en su momento de última novedad tecnológica, supieron deslumbrar como auténticas "fábricas de música" a gusto y placer del usuario.

"El gramófono revolucionó las prácticas de escucha musical y el mayor impacto ocurrió en los hogares. ¿O acaso alguien imaginaba que se podía escuchar música sin que nadie la toque o cante delante nuestro?", se interroga retóricamente Marina Cañardo, autora de "Fábricas de música", un pormenorizado recorrido por los "comienzos de la industria discográfica en la Argentina", que abarca el período comprendido entre 1919 y 1930.

"Esa magia era posible gracias a la música grabada. Las publicidades de la época ensañaban las ventajas de escuchar a los mejores artistas del mundo desde a comodidad del hogar", se explaya Cañardo.

"A más de un siglo de historia del fenómeno de la música grabada ya nadie debe enseñarnos eso, pero mucho más nos cuesta comprender cómo habrán cambiado aquellas vidas que por primera vez escuchaban orquestas europeas en sus casas de la Argentina alternándolo con cantores criollos y música bailable de todo tipo", ilustra.

Claro que toda innovación despierta también desconfianza y reacciones adversas. Un hito destacado en esa cruzada lo escribió el compositor y director de orquesta John Philip Souza quien advertía sobre los peligros de la "música enlatada" y el temor por un futuro deshumanizado en el que las madres confiarían a una máquina la tarea de dormir a sus críos, en vez de entonar una dulce canción de cuna...

De cualquier manera, Souza se convenció pronto que era una causa pérdida y "se volvió uno de los principales directores de banda del sello Victor", apunta la musicóloga, Un cambio de actitud que no sería ajeno a la reglamentación de los derechos de autor, que hoy vuelven a estar en discusión.

El período analizado es sustancialmente rico. Si bien, se comercializaban disco y cilindros antes de esa época, "marcó el primer boom de producción discográfica en el mundo y la instalación de las primeras fábricas de discos en Argentina. Al mismo tiempo que resultó un momento clave en la historia del tango con músicos como Firpo, Canaro, De Caro y cantantes como Gardel, Magaldi o Rosita Quiroga entre muchísimos otros", reseña.

Finalmente, "fueron años ricos en sinergias con otras esferas de la industria cultural y para la constitución del imaginario de lo que se denomina música argentina y su rápida difusión en el mundo".