Por injusto que sea, la edición de un año determinado de cualquier festival es usualmente recordada por su premio mayor. En ese sentido, si el Oso de Oro de 2019, entregado a la muy jugada película israelí Synonimes, de Nadav Lapid, operaba como anticipo de los cambios que se vendrían, la decisión de este año parece un paso atrás, un mirar al pasado. El jurado presidido por Jeremy Irons e integrado por Bérénice Bejo, Bettina Brokemper, Annemarie Jacir, Kenneth Lonergan, Luca Marinelli y Kleber Mendonça Filho otorgó el galardón principal a la solo correcta There Is No Evil, del iraní Mohammad Rasoulof. Una película con un muy buen arranque, que se va desarmando un poco en sus dos horas y media de metraje, y seguramente impresionó al jurado por los dilemas morales que plantea frente a la pena de muerte. El hecho de que el director no haya podido viajar al festival a recibir el premio y que la película no pueda verse en su país de origen, da cuenta del peso político del reconocimiento. Más inexplicable aún es el premio a la pretendida mejor actuación masculina para Elio Germano en Hidden Away, de Giorgio Diritti. Sobreactuación intolerable para componer un "personaje real", el del pintor y escultor italiano Antonio Ligabue, cuya discapacidad es la excusa ideal para sumar tics y golpes bajos en una película muy mala, entre otras cosas, por la horrible composición de su protagonista. Tampoco se entiende el premio al mejor guión para la italiana Bad tales, de los hermanos Dinnocenzo.

El resto de los premios pueden calificarse de correctos. Si con el tiempo ellos fueran recordados, nada podría decirse del gran premio del jurado para la muy comprometida e interesante Never Rarely Sometimes Always, de Eliza Hittman (dos días en los que una chica de 17 años viaja a Nueva York para hacerse un aborto), el reconocimiento como mejor director al gran Hong Sangsoo, por The Woman Who Ran (hermoso filme solo habitada por mujeres), como mejor actriz a la siempre correcta Paula Beer, por Undine del alemán Christian Petzold o el premio especial de la 70° edición a Delete History, de los por siempre anarquistas Benoît Delépine y Gustave Kervern.

En la nueva sección competitiva Encounters el premio mayor fue para The Works and Days (of Tayoko Shiojiri in the Shiotani Basin) de C.W. Winter y Anders Edström, el premio especial del jurado para The Trouble With Being Born, de Sandra Wollner, a la mejor dirección para Cristi Puiu por la excelente Malmkrog y hubo una mención especial para Matías Piñeiro por su hermosa nueva shakespereada Isabella.

Un gran año en el que el Oso de Oro no ha estado a la altura. Un gran año para el cine argentino también (que se llevó varios premios en secciones y jurados paralelos). Los diarios más importantes del país, aquellos que durante todo el festival criticaron el cambio de mirada propuesto por Carlo Chatrian, se habrán calmado un poco con el palmarés; pero la cinefilia espera con ansias una nueva edición de este festival que ha vuelto a ponerse de pie y mira el futuro consciente del rol que juega en la cultura mundial.