Los negocios de Trump golpearon el bolsillo de sus propios seguidores
Forbes calculó pérdidas por USD 7.000 millones entre inversores que apostaron por acciones y criptomonedas ligadas al presidente y su familia.
Donald Trump convirtió la lealtad política en un activo financiero. Después de dejar la Casa Blanca en 2021, y antes de volver al poder en 2025, encontró en sus seguidores algo más que una base electoral: encontró una fuente de capital. Acciones, criptomonedas, tokens y empresas vinculadas a su apellido salieron al mercado con una promesa de pertenencia, revancha cultural y acceso al poder. El negocio, sin embargo, no terminó con su regreso: algunos de esos activos siguieron bajo presión mientras la marca Trump ya volvía a ocupar el centro del poder en EEUU.
Entre 2021 y 2025, cinco emprendimientos asociados al presidente de EEUU y su familia llegaron a inversores públicos: Trump Media, la compañía detrás de Truth Social; World Liberty Financial; la memecoin de Trump; la memecoin de Melania Trump; y American Bitcoin. Forbes calculó que los Trump retiraron USD 1.900 millones y todavía conservan una ganancia global estimada en USD 3.100 millones. Del otro lado, sus seguidores acumulan pérdidas estimadas en USD 7.000 millones.
Una fórmula repetida
La magnitud del retroceso muestra el tamaño del golpe. Las acciones de Trump Media cayeron 89% desde su pico. Los tokens de World Liberty bajaron 82%. La memecoin del presidente perdió 98%. La versión lanzada por Melania Trump cayó 99%. Las acciones de American Bitcoin retrocedieron 95%.
El patrón reconstruido por Forbes tuvo tres momentos: una idea de negocio con baja inversión inicial y una gran porción de capital reservada para el entorno Trump; una ola de entusiasmo alentada por el nombre del presidente; y, finalmente, el derrumbe de los activos, con los inversores minoristas expuestos a la mayor parte del costo.
La Trump Organization no respondió los pedidos de comentario. Tampoco lo hicieron voceros de Trump Media, que demandó a Forbes y a otras publicaciones por supuestos reportes inexactos sobre pérdidas durante el primer año de operación de la compañía. La Casa Blanca evitó contestar sobre los negocios del presidente y envió una declaración centrada en su gestión. "El presidente Trump se preocupa profundamente por los estadounidenses patriotas que lo eligieron y lucha por ellos todos los días", dijo la subsecretaria de prensa Anna Kelly.
El costo de haber creído
Vadim Fistikan es uno de los rostros de esa pérdida. Camionero del estado de Washington, empezó a trabajar a los 17 años y antes de cumplir 30 había reunido más de USD 100.000. En 2021 pensaba comprar una casa en Florida, cerca de su familia, con pileta y salida al agua. Pero apareció Trump Media and Technology Group y cambió el destino de sus ahorros.
Truth Social se presentó como una red social sin censura y como una oportunidad para que los seguidores del entonces expresidente entraran al negocio a través de una SPAC, una sociedad creada para cotizar en Bolsa y fusionarse luego con una empresa operativa. Las acciones subieron 1.650% en dos días y después cayeron cerca de 30% al inicio de la tercera rueda. Fistikan, votante de Trump en tres elecciones, no lo interpretó como una alarma, sino como una oportunidad de compra.
"Dije: ‘Voy a entrar'", recordó. Sumó posiciones hasta invertir USD 205.000. Hoy esa participación vale USD 30.000. Cuando descargó su bronca en Truth Social, otros usuarios lo acusaron de odiar a Trump. "No. Estuve a bordo desde el primer día. Ahora estoy quebrado", respondió.
El desencanto también alcanzó a figuras cercanas al ecosistema trumpista. Katherine Chiles, exdirectora financiera de la SPAC, usa ahora su cuenta de Truth Social para promocionar una canción que acusa al presidente de traicionar a sus seguidores. Chad Nedohin, líder religioso que actuó como una suerte de capitán informal de los accionistas minoristas de Trump Media, también rompió con la compañía. "Solo somos ganado pobre para ellos", afirmó. "No le importa nadie".
La fiebre cripto y la cena con Trump
El capítulo más extravagante fue la memecoin de Trump. Nick Pinto, de 26 años, recibió una notificación de Robinhood en enero de 2025 mientras estaba en Champions, el restaurante del resort de golf del presidente en Miami. Trump acababa de lanzar su criptomoneda. Pinto, que vive de crear videos para redes sociales, revisó Google, miró X y entró con USD 7.000. "Dije: ‘Bueno, voy a comprar un poco de esto; nunca se sabe qué puede pasar'".
Después llegó el incentivo decisivo: una cena en el club de Trump en Virginia para los 220 principales compradores de la memecoin. Pinto elevó la apuesta hasta USD 480.000, cerca del 60% de toda su cartera de inversión. El monto le alcanzó para entrar al evento, aunque la escena no estuvo a la altura del dinero invertido, según su relato. La comparó con una boda, pero con comida mediocre y mal servicio. "Ni siquiera me dieron gaseosa; solo tenía agua", contó.
La moneda cayó después de esa cena y no logró recuperarse. Hacia fin de año había perdido dos tercios de su valor. Pinto vendió el 75% de su posición y cristalizó pérdidas por unos USD 250.000. Conservó el resto por si ocurría algún movimiento inesperado.
Mar-a-Lago, acceso político y otra zona sensible
Ese movimiento llegó en abril, cuando Trump organizó otro encuentro para compradores, esta vez en Mar-a-Lago. Los asistentes recibieron bolsas con cartas coleccionables de Trump, relojes y estatuillas doradas del presidente rellenas con perfume, que se vendían online a USD 249.
"Casi no recibí una porque la gente seguía robándome la mía", contó Pinto. Según su relato, vio a un asistente salir con seis bolsas. "La mía desapareció y después vi una silla vacía, así que también me llevé una".
La mezcla de negocios, acceso político y criptoactivos abrió una zona sensible. Antes de la primera cena, Erbil Karaman, cofundador de Huma Finance, aumentó su inversión mientras la Casa Blanca analizaba legislación sobre stablecoins, criptomonedas atadas al dólar que su empresa usa para transferencias internacionales. Karaman dijo que no hizo lobby en el evento. Dos meses después aceptó una invitación a la Casa Blanca para la firma de un proyecto de ley.
Los que menos creyeron fueron los que mejor salieron
La paradoja del caso es que quienes mejor resultado obtuvieron no fueron los seguidores más convencidos, sino los operadores que trataron el fenómeno como una oportunidad especulativa. Morten Christensen, fundador del sitio cripto airdropalert.com, compró la moneda apenas salió y la vendió pocos días después, cuando el entusiasmo empezó a apagarse. Según dijo, multiplicó su dinero por 30.
Para asistir a la cena de Trump, usó una estrategia distinta a la de los fieles: compró la moneda y al mismo tiempo apostó en contra. Así consiguió un lugar en el primer evento por unos USD 1.200 en comisiones y otro en el segundo por USD 500.
"La gente MAGA cree de verdad", dijo Christensen. "Yo solo estoy acá por la ganancia. Estoy en algunos chats grupales con creyentes y son muy buenos para ignorar hechos o datos. Me dan un poco de pena".
Incluso Justin Sun, una figura central del universo cripto y uno de los impulsores iniciales de World Liberty, terminó enfrentado con el proyecto. Según Forbes, invirtió USD 45 millones en el token de World Liberty después del triunfo electoral de Trump y luego puso otros USD 100 millones en la memecoin del presidente.
En una demanda presentada en abril, Sun acusó a World Liberty de presionarlo para aumentar su inversión y de congelar sus activos cuando se resistió. World Liberty sostuvo que tenía derecho a congelar los tokens y lo contrademandó por difamación. Sun también afirmó que, después de enviar grandes sumas a Trump y a otros insiders, el emprendimiento empezó a tomar préstamos riesgosos.
El hombre que más ayudó a vender el proyecto fuera del apellido Trump lo describió ahora como una estructura "al borde del colapso".
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