Elon Musk volvió a sorprender a todos con sus decisiones imprevisibles. Esta vez, el segundo hombre más rico del mundo anunció que la automotriz Tesla dejará de aceptar bitcoins (BTC) como medio de pago, algo que fue confirmado a fines de marzo. ¿El argumento? La contaminación que produce la criptomoneda: “Estamos preocupados por el rápido incremento en el uso de combustible fósil destinado a la minería y transacciones con bitcoins”, sostuvo el dueño de la fabricante de autos eléctricos. 

Que la criptomoneda más importante del mercado produzca un gran consumo eléctrico no es algo novedoso. A principios de año, la Universidad de Cambridge comenzó a publicar un índice del gasto energético que genera la criptomoneda creada por Satoshi Nakamoto. En febrero de este año, la red Bitcoin consumió por promedio anual la misma electricidad que Argentina: 121 TWh. En mayo, ese consumo se elevó a 149,63

De hecho, Musk se hizo eco de ese estudio y en el siguiente tweet al anuncio de que Tesla dejará de aceptar el BTC agregó una imagen con el índice de Cambridge: “La tendencia en el uso de energía durante los últimos meses es una locura”, aseguró.

 

¿Por qué Bitcoin consume tanta energía? 

En el caso de la red Bitcoin, la minería para conseguir la moneda criptográfica se basa en un algoritmo de prueba de trabajo, y para recibir el pago por extraer un bloque, se debe ser el primer usuario en generar dicha prueba de trabajo. 

De esta manera, a los mineros se les pide que gasten recursos computacionales en adivinar un código a cambio del pago mientras que a su vez cumplen la función de validar las transacciones entre los usuarios de la moneda

El problema es que sólo el primer usuario que genera la prueba de trabajo es recompensado con la moneda, es una carrera competitiva en la que dominan aquellos usuarios con el equipo de mayor potencia.

Por lo tanto, para llegar a ser el primero en lograr la prueba de trabajo para cada bloque, es necesario tener un equipo potente trabajando al máximo de sus posibilidades, algo que genera mucho calor. Esto ya es un problema en sí mismo, ya que las máquinas sobrecalentadas generalmente fallan más rápido, pero al mismo tiempo calientan el espacio circundante.

Para crear un entorno ideal se necesita un sistema de refrigeración ambiental, lo que requeriría alquilar o comprar un espacio informático especialmente diseñado o una sala de servidores.

Sin embargo, a medida que la minería de Bitcoin se volvió más difícil, esto benefició a quienes poseen un respaldo financiero significativo, es decir, aquellos que pueden realizar una gran inversión inicial. Dando como resultado, la creación enormes “granjas” de bitcoins en diferentes partes del mundo, principalmente China. 

El uso de energía fósil

Sin embargo, el consumo energético de Bitcoin no necesariamente implica que provenga de energías no renovables. Por ejemplo, hay mineros de las provincias chinas de Sichuan y Yunnan que aprovechan la energía hidroeléctrica excedente en las represas.

Uno de los principales objetivos a largo plazo es que para 2025 todas las cadenas de bloques (blockchains) del mundo utilicen energía 100% renovable por el gran impacto ambiental que genera. En la encuesta a grandes mineros realizada por la Universidad de Cambridge en 2020, los entrevistados indicaron que el 39% de su consumo total de energía provenía de energías renovables.

El problema es que a pesar de eso, las huellas de carbono producto de la contaminación siguen siendo altas. De acuerdo a un estudio publicado por Digiconomist, el incremento de mineros que se sumaron durante el 2021 producto de la cotización récord de la criptomoneda a principios de año derivó en una generación de dióxido de carbono (CO2) similar a la de la ciudad de Londres o de toda Bulgaria: 48,52 Mt de CO2. 

El desperdicio tecnológico 

Por si fuera poco, los desechos computaciones son otro de los problemas ambientales derivados de la minería intensiva: “Esto se debe a que la minería de bitcoins se hace con hardware especializado que se vuelve obsoleto cada año y medio”, sostiene el informe de Digiconomist.

Por ejemplo, las tarjetas gráficas se vieron especialmente afectadas por este aumento de la demanda. Desde 2017 los precios aumentaron de manera alarmante, lo que hizo que los componentes se hicieran inasequibles para la mayoría de las personas. 

En este sentido, el documento agregó que el desperdicio de equipamiento que genera cada transacción de bitcoins es ampliamente superior a la de métodos tradicionales de pago: la transacción de un BTC equivale a más de 20.000 transacciones de Visa, en relación al nivel de desechos de tecnología que generan. 

Fuente: Digiconomist