Antes de dejar la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump se aseguró de romper rédords y tradiciones de años: impulsó ejecuciones en pleno proceso de traspaso de mando, algo que no se hacía desde hace 130 años; es el presidente estadounidense que supervisó la mayor cantidad de ejecuciones en más de un siglo, y, bajo su gestión en el país, se ejecutó a una mujer por primera vez en siete décadas.

"Lisa Montgomery, 52 años, fue ejecutada en la penitenciaría federal de Terre Haute, del estado de Indiana, a las 1:31" , anunció en un comunicado el Departamento de Justicia. Si bien ayer una corte federal había suspendido la orden, la decisión sólo duró unas horas y finalmente la Corte Suprema la levantó, por lo que la muerte de la condenada se llevó adelante.

De esta forma, Montgomery, que era la única mujer en el "corredor de la muerte" a la espera de la inyección letal, se convirtió en la primera ejecutada por la Justicia estadounidense en 67 años por haber asesinado a una embarazada con el objetivo de robarle su feto.

La mujer recibió una inyección letal "de acuerdo con la pena capital recomendada por unanimidad por un jurado federal e impuesta por la Corte del Distrito de Estados Unidos" de Missouri, indicó el Departamento de Justicia.

El crimen de Lisa Montgomery y por qué pedían revisar su condena a muerte

En 2004, Montgomery, incapaz de tener un nuevo hijo, identificó a través de Internet a su víctima, Bobbie Jo Stinnett, una criadora de perros. Luego, acudió a su domicilio en Missouri con la excusa de comprarle un terrier.

Pero era sólo una estrategia: al encontrarse con ella, la estranguló, le abrió el útero, tomó el bebé -que sobrevivió- y abandonó a la joven de 23 años en un charco de sangre.

Lisa Montgomery

La Corte Suprema rechazó los últimos recursos presentados por los abogados de la mujer, a pesar del desacuerdo de sus tres magistrados progresistas.

Según sus defensores, Montgomery padece trastornos mentales graves a raíz de las agresiones y violaciones en grupo que sufrió cuando era niña. Para llevar adelante una ejecución federal es condición indispensable que la condenada comprenda el sentido de su sentencia, pero argumentan que, por las secuelas mentales que tenía de su infancia, ella era incapaz de entenderlo.

El juez federal James Hanlon había ordenado el lunes suspender la ejecución a petición de la defensa, pero el Departamento de Justicia apeló y un tribunal de apelación anuló el fallo ayer, lo que permitió continuar con la pena de muerte.

"El estado mental actual de la sra. Montgomery está tan separado de la realidad que no puede comprender racionalmente el motivo del gobierno para ejecutarla", escribió el juez Hanlon, y agregó que "la suspensión de la ejecución se concede para permitir que el tribunal lleve a cabo una audiencia para determinar la capacidad de la sra. Montgomery de ser ejecutada".

Trump, un firme partidario de la pena de muerte, ignoró una petición de clemencia presentada por los apoyos de Montgomery.

Trump rompe récords de pena de muerte y apura ejecuciones antes de dejar el mando

En 2019, Donald Trump retomó las ejecuciones por pena de muerte luego de 17 años en que estuvieron suspendidas. Desde julio de 2020, se impulsaron 13 condenas a la inyección letal. Con varias de ellas programadas y llevadas a cabo desde diciembre, apuradas por su administración antes de ceder el poder a Joe Biden el 20 de enero, se convirtió en el presidente que más ejecuciones federales supervisó durante su gestión en más de un siglo.

El 10 de diciembre, de hecho, rompió otro récord: se ejecutó a Brandon Bernard, de 40 años, el recluso más joven en afrontar la pena de muerte. Había sido condenado por asesinato cuando tenía 18 años y se habían hecho campañas para pedir su indulto. Su muerte fue la primera de cinco programadas antes del fin de la gestión trumpista.

Brandon Bernard, el ejecutado más joven en 70 años

Además de Montgomery, la administración Trump prevé ejecutar a dos afroestadounidenses esta semana: Corey Johnson mañana y Dustin Higgs, el viernes. En estos casos también existe incertidumbre tras la decisión de un tribunal federal de bloquear sus ejecuciones: los dos condenados a muerte contrajeron hace poco coronavirus, y la inyección letal podría causarles un sufrimiento ilegal, consideraron los jueces.

Exguardias de la penitenciaría de Terre Haute, por su parte, escribieron al secretario de Justicia en funciones, Jeffrey Rosen, para pedirle que posponga estas ejecuciones "hasta que el personal penitenciario esté vacunado contra el Covid-19".

Una ejecución requiere que decenas de personas permanezcan en un entorno cerrado, ambiente propicio para la propagación del virus, y por esta razón, los estados suspendieron las ejecuciones durante meses. El gobierno de Trump hizo todo lo contrario y se mostró partidario de proceder con las ejecuciones lo más rápido posible antes de dejar el poder.

"En las últimas horas de la presidencia de Trump, hay una carrera por ejecutar a personas que estuvieron en el corredor de la muerte durante años o incluso décadas. Es una locura", denunció en la radio NPR esta semana el senador demócrata Dick Durbin, quien anunció la presentación de un proyecto de ley para detener de nuevo las ejecuciones federales.

Después de que los demócratas retomaran el control del Senado, es posible que ese texto se adopte tras la llegada a la Casa Blanca de Joe Biden, que se opone a la pena capital y asume el 20 de enero.