La Unión Europea amenazó al Gobierno de Boris Johnson con imponer en breve aranceles y cuotas a los productos británicos si continúa negándose a aplicar el acuerdo de divorcio del brexit, en particular el protocolo sobre  Irlanda del Norte.

El ultimátum se produce tras la fallida reunión celebrada en Londres entre el vicepresidente de la Comisión, Maros Sefcovic, y el ministro británico del brexit, David Frost, que no sirvió para acercar posiciones.

"No ha habido avances, tampoco una ruptura. Pero los problemas se están volviendo urgentes y ahora necesitamos encontrar soluciones", aseguró Frost al término de un encuentro que Sefcovic calfiicó de "muy difícil". No obstante, Londres reafirmó que no renuncia a actuar por su cuenta al margen del acuerdo de divorcio si estas soluciones no llegan.

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El último episodio es el que afecta específicamente a las salchichas y a la carne picada. A partir del 1 de julio, quedará prohibido exportarlas frescas desde Gran Bretaña a Irlanda del Norte para evitar cualquier riesgo de que entren ilegalmente en el mercado europeo. Pero Johnson ya anticipó que no tiene ninguna intención de ejecutar esta prohibición, pese a ser un compromiso que él mismo negoció y firmó con la UE

Esa unilateralidad enfureció a los líderes europeos. "Si Reino Unido adopta más medidas unilaterales en las próximas semanas, la UE no dudará en reaccionar con rapidez, firmeza y resolución para garantizar que Reino Unido cumpla con sus obligaciones internacionales", advirtió Sefcovic en una rueda de prensa tras su encuentro con Frost.

Consultado sobre las posibles sanciones, el funcionario recalcó que "si se examina el acuerdo con Reino Unido es bastante obvio: podría ser la suspensión de la cooperación en algunos sectores, o también cuotas y aranceles si persisten los problemas de mala fe en la aplicación de los acuerdos".

Sefcovic no quiso hablar de plazos pero dejó en claro que la UE está "perdiendo la paciencia" con Reino Unido, y las represalias comerciales podrían ser inminentes si Johnson no rectifica su actitud con el protocolo de Irlanda del Norte. 

Unilateral

Y es que para proteger la paz en el Ulster y evitar una frontera que divida la isla, Bruselas y Londres pactaron un estatus especial para Irlanda del Norte, que sigue vinculada a las reglas de la UE. Eso significa que, en la práctica, la frontera se ha desplazado al mar de Irlanda, con nuevos controles aduaneros a los productos que llegan a los puertos de Irlanda del Norte procedentes de la isla de Gran Bretaña para proteger la integridad del mercado europeo.

La respuesta del Gobierno de Boris Johnson fue extender unilateralmente los periodos transitorios y retrasar la puesta en práctica de los controles. Bruselas asegura que está dispuesta a conceder la máxima flexibilidad, pero insiste en que el protocolo sobre Irlanda del Norte no va a renegociarse y debe cumplirse. 

Por ejemplo, la firma de un acuerdo veterinario y fitosanitario entre la UE y Reino Unido permitiría eliminar el 80% de los controles, según ha repetido Sefcovic. Pero el Gobierno de Johnson descarta esta opción alegando que le obligaría a seguir aplicando las reglas comunitarias.