Hace unas semanas, Lula Da Silva confirmó lo que ya era dado por hecho desde hace meses. Se postulará a la presidencia de Brasil en unas elecciones bisagra para el país vecino. La mayoría de sondeos lo muestran como el gran favorito para los comicios que se celebrarán el 2 de octubre: cuenta un 45% de intención de voto, mientras que su competidor directo, el actual presidente Jair Bolsonaro, acumula el 30%.

Fue durante el lanzamiento de su candidatura que el referente del Partido de los Trabajadores (PT) compartió algunos de los ejes de su política exterior en caso de una nueva reelección. Además de ponderar el BRICS, y resaltar la importancia de la Unasur y CELAC para la integración latinoamericana, Lula adelantó su intención de crear una moneda para América Latina con el propósito de “no depender del dólar”.

Lula Da Silva: "Vamos a restablecer nuestra relación con América Latina. Y, si Dios quiere, crearemos una moneda en América Latina, porque no tenemos que depender del dólar"

En diálogo con BAE Negocios, el politólogo e investigador Emanuel Porcelli consideró que esta propuesta por parte del ex sindicalista metalúrgico “es un intento de poner arriba de la mesa la discusión sobre la región desde un plano menos ideologizado”, ya que habilita “una discusión en diferentes registros y con diferentes sectores”.

Remarcó que “las derechas han construido un discurso sobre el Mercosur y la región que es sobreideologizado”, además de que cuentan con la capacidad de “impugnar y bloquear procesos regionales, aunque sin la capacidad de proponer los propios”. Por lo que la creación de una moneda en común sería “una forma de hablar de la región y el liderazgo de Brasil a través de un tema que los liberales, por ejemplo, no pueden estar en contra”.

Lo que se sabe de SUR

La iniciativa es respaldada por Lula Gabriel Galípolo, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro y presidente entre 2017 y 2021 del banco de inversiones Fator, y el economista y exministro de Educación Fernando Haddad, posible candidato a gobernador de San Pablo por el PT.

En una nota firmada por ambos especialistas, se aseguró que el proyecto se inspira en una propuesta que el economista británico John Maynard Keynes presentó a las potencias que estaban por ganar la Segunda Guerra Mundial en la conferencia de Bretton Woods, Estados Unidos, en 1944, para sortear las crisis del sistema previo del patrón oro.

Consultado por BAE Negocios, el economista del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) Guillermo Oglieti, explicó que Keynes propuso “crear una moneda universal que sirviera de activo de reserva. Función que hoy cumplen el dólar, el euro, el yen, el yuan y la libra esterlina, entre otras divisas”.

Él quería que hubiera una sola institución que fuera capaz de emitir este dinero, el cual se llamaría Bancor. Además, propuso reglas muy sensatas para su implementación, como mecanismos para evitar que hubiera ingredientes desestabilizadores en el valor de las monedas nacionales”, detalló el miembro del CELAG.

La propuesta de Keynes en la conferencia de Bretton Woods fue descartada en su momento

Similar a la propuesta del economista británico, la emisión de SUR se acompañaría de la creación de un Banco Central Sudamericano donde cada país integrante tendría abierta una cuenta y aportaría un capital inicial de sus reservas internacionales y sus saldos comerciales entre los países de Sudamérica, funcionando como un banco de fomento regional sin depender de préstamos externos anclados en el dólar.

El tipo de cambio entre las monedas nacionales y el sur sería flotante. A su vez, para reducir asimetrías y evitar que Brasil, mayor economía latinoamericana, arrastre a sus pares a una dependencia económica, se planteó la creación de una Cámara Sudamericana de Compensaciones.

El riesgo de un “euro latinoamericano”

De esta manera, el concepto de SUR sería el de una moneda común, pero diferente al euro, que es la moneda única de 19 países de la Unión Europea (UE) y que reemplazó a las monedas nacionales. Por lo tanto, que sea una moneda común quiere decir, según Oglieti, “que puede ser una moneda que conviva con las monedas nacionales a modo de alternativa”.

Para el economista, la creación de una moneda única similar al euro “es poco convenientes en países tan heterogéneos”, debido a que “las diferencias de productividad y crecimiento harían que rápidamente se generen inconsistencias”. De esta manera, ejemplificó: “En Europa, España desde que se unió al euro tiene un atraso cambiario del 25%, eso significa que la inflación española es de un 25% más alta que la de los alemanes”.

A diferencia del euro, que es una moneda única, el SUR sería una moneda común

En un país que tiene soberanía monetaria, “esos problemas se corrigen con una devaluación”, pero en España “no puede haber devaluación porque tiene una moneda que no controla”. Y agregó: “¿Cómo se corrigen los precios cuando no tenés devaluación? Con una recesión, salvo que tengas una productividad enorme que la compense”.

Con un diagnóstico similar, Porcelli consideró que “hay una mirada de los sectores más liberales de comprar la discusión sobre la moneda única como una forma de quitarle al BCRA la posibilidad de emitir”, pero remarcó la dificultad que representaría implementarla y “que no reproduzca la relación que tiene la Unión Europea con el Banco Central Europea, el cual va al ritmo de las necesidades de Alemania, pero no de, por ejemplo, Grecia”.

El fracaso del SUCRE

De todas maneras, en el pasado reciente ya existió en América Latina una iniciativa que tuvo una finalidad parecida a la de SUR: el SUCRE. Acrónimo de “Sistema Unitario de Compensación Regional”, esta unidad de cuenta común también buscaba reemplazar progresivamente al dólar en el comercio interregional.

Lanzado en enero de 2010, en un principio se utilizó entre los miembros adheridos a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), luego se sumó Ecuador y Uruguay firmó una carta de adhesión, aunque no fue un miembro formal. Además, este proyecto implicó la creación de un banco regional, bautizado como Banco del Sur, similar al propuesto por el equipo económico de Lula. 

El SUCRE alcanzó su techo en 2012, con un total de 2646 transacciones por un valor de 1070 millones de dólares. Sin embargo, durante los años posteriores comenzó a declinar rápidamente y para 2017 prácticamente cayó en desuso.

Consultado sobre esta experiencia fallida, Oglieti explicó que el “rango de comercialización que tenía fue muy pequeño, no tenía usabilidad y las interacciones eran optativas”. Además, recordó que el principal país que integró el SUCRE fue Venezuela. País que, “a partir de 2015, cuando empieza a sufrir la caída internacional de los precios del petróleo y el boicot internacional, comienza a perder impulso”.

Hugo Chávez fue el impulsor del SUCRE

A eso se le debe sumar otro problema, y es que ni Brasil u otros países económicamente importantes de la región, como Colombia y Argentina, apoyaron el SUCRE. Para Porcelli, las razones detrás de esto fueron los diferentes puntos de vista en torno a “cuál era el rol de la región, las prioridades, el financiamiento” para ese proyecto.

Tenías una tensión entre el enfoque de Bolivia y Venezuela y el enfoque más ‘mercosureano’ con Argentina y Brasil. El naufragio del Banco del Sur tiene que ver en gran parte con eso, en cómo construir un banco sudamericano con dinámicas económicas, comerciales y productivas absolutamente divergentes, era muy complejo de asir en un solo paraguas”, detalló el politólogo a BAE Negocios.

Los desafíos para Brasil

Sin embargo, tras el fallecimiento de Hugo Chávez y la profundización de la crisis económica, Venezuela dejó de ser un actor de peso en la política regional. Eso no significó que Brasil tenga el camino allanado para ser el líder de un proyecto integración latinoamericano.

Según Porcelli, el problema que enfrenta Brasil si Lula decidiera impulsar el SUR sería “la fuga de Paraguay y Uruguay del Mercosur”. En relación con Argentina, pese a que el investigador consideró que la economía local "no tiene futuro sin una vinculación con la brasileña”, advirtió que en 2023 “Argentina, el principal socio de Brasil, va a estar en un año electoral”.

Y concluyó: “El desafío para Brasil es el de cómo construir un escenario en donde pueda liderar ese proceso regional, a la vez que debe autolimitar sus capacidades de establecer unas reglas de juego favorables, en pos de un esquema regional. Todo eso en medio de un panorama internacional supercomplejo”.

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Juan Marcos Pollio

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