El Senado aprobó en general el proyecto de Milei tras una jornada de alta tensión y con la CGT en la calle
La votación se definió por 42 votos a favor y 30 en contra
En una sesión atravesada por fuertes cruces políticos, acusaciones reglamentarias y una masiva movilización sindical en las inmediaciones del Congreso, el Senado aprobó en la madrugada del jueves en general la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei.
Desde temprano, con vallados en Avenida Entre Ríos y Alsina, Rivadavia y Callao, y un operativo de seguridad reforzado, la CGT y las CTA marcharon contra lo que definieron como un "retroceso histórico" en materia de derechos laborales.
Dentro del recinto, el debate expuso con nitidez la grieta entre el oficialismo y el peronismo, pero también dejó al descubierto tensiones internas en la oposición.
El oficialismo defendió la "modernización"
La jefa del bloque libertario, Patricia Bullrich, había anticipado al ingresar que se trataba de "la reforma más importante de los últimos 50 años" y sostuvo que ningún gobierno anterior había logrado avanzar en una transformación de este calibre.
En el recinto, Juan Cruz Godoy (LLA) defendió los cambios en materia de vacaciones y acuerdos individuales: "Se han incorporado detalles para que el trabajador se ponga de acuerdo con el empleador", explicó, al referirse a la posibilidad de fraccionar el descanso anual -con un mínimo de siete días- entre octubre y abril.
Joaquín Benegas Lynch fue más allá y planteó una discusión conceptual: "El Estado está para enmarcar reglas transparentes y no poner palos en la rueda a los que producen. Esta ley se pone del lado de los que compiten y no de quienes viven de privilegios", afirmó. Según su visión, la normativa apunta a reducir la litigiosidad y a generar "reglas claras" para fomentar la inversión.
Desde la UCR, Carolina Losada ratificó el acompañamiento y trazó un puente directo con el sistema previsional: "Va a haber más inversión, más empresas y mejores jubilaciones", aseguró. Argumentó que, si crece el empleo formal, aumentará la masa de aportes y eso impactará positivamente en los haberes. Además, cuestionó al peronismo por "no querer cambiar una ley de los años 70" pese a haber gobernado durante dos décadas.
La senadora libertaria Álvarez Rivero sostuvo que el régimen vigente "genera miedo a contratar" y celebró que el proyecto cree un esquema de incentivo a la formalización: "Es una invitación concreta para sacar a la gente del negro y traerla al sistema", afirmó.
Duras críticas del peronismo
El bloque justicialista rechazó en bloque la iniciativa y centró sus críticas en el contexto económico y en el procedimiento legislativo.
José Mayans advirtió que la reforma "va en contra de los trabajadores" y que vulnera el artículo 14 bis de la Constitución. Mariano Recalde sostuvo que la norma "no está pensada para generar trabajo" y acusó al oficialismo de pretender retroceder en conquistas históricas como la jornada de ocho horas.
Alicia Kichner criticó la redefinición del salario como "dinámico": "¿Dinámico de qué? ¿Dinámico de pérdida de derechos? No tengo ninguna duda, porque no veo que los trabajadores adquieran más derechos." También advirtió sobre artículos que benefician a grandes inversores extranjeros: "¿Qué hay atrás de todo esto? ¿Un caballo de Troya?"
Daniel Bensusán fue categórico: "Las leyes no crean fuentes de trabajo", afirmó, y responsabilizó a la política económica del Gobierno por la pérdida de más de 250.000 empleos y el cierre de miles de pymes en los últimos dos años.
En la misma línea, Florencia López señaló que el problema no es la ley laboral sino que las empresas "no pueden producir y no venden", en un escenario de recesión y apertura de importaciones. Cristina López calificó el proyecto como "esclavitud laboral", mientras que Alicia Kirchner lo definió como "una reforma de laboratorio" hecha "de manera apurada y sin consenso".
Marcelo Lewandowski apeló a la comparación internacional: "Si son tan admiradores de Trump, ¿por qué no miran lo que hace? Sube aranceles y privilegia el trabajo interno", lanzó.
Martín Soria, en tanto, cuestionó el procedimiento: "Las leyes se discuten constituyendo las comisiones como se debe", reprochó, y acusó al oficialismo de ocultar el texto final.
Tensión interna en el PJ
Uno de los momentos más sensibles de la jornada lo protagonizó Carolina Moisés (Convicción Federal), quien rechazó la reforma pero denunció "aprietes espantosos" de un sector del peronismo.
"Llevo más de un mes aguantando una campaña tremenda, tratando de doblar mi voluntad", sostuvo, en alusión a la interna que atraviesa el PJ tras su expulsión promovida por el kirchnerismo. Aunque votó en contra del proyecto, dejó expuesta la fractura dentro del espacio opositor.
Anabel Fernández Sagasti también cargó contra el oficialismo y citó al gobernador mendocino Alfredo Cornejo, quien -según recordó- le pedirá a Milei que "suba el sueldo promedio para que vuelva el consumo" porque "están cerrando las pymes".
Cambios y concesiones
En paralelo al debate, el oficialismo introdujo modificaciones para asegurar respaldos. Finalmente, decidió mantener sin plazo de vencimiento el aporte solidario a los gremios -con un tope del 2%-, en respuesta al reclamo de la CGT. También se sostuvieron ajustes en el Fondo de Asistencia Laboral y se descartó la posibilidad de que billeteras virtuales paguen salarios sin regulación bancaria específica.
Esos movimientos fueron claves para consolidar el respaldo del radicalismo y otros aliados, que desde temprano habían adelantado su acompañamiento bajo la consigna de "cuidar a las pymes".
Una sanción con impacto político
Con la aprobación en general ya encaminada, el Gobierno consigue un triunfo político en medio de un clima social adverso y con la central obrera movilizada. La reforma laboral, eje estructural del programa de Javier Milei, supera así una prueba determinante en el Senado.
El oficialismo logró lo que Bullrich anticipó por la mañana: avanzar con una de las iniciativas más sensibles de su agenda, en una jornada que combinó calle caliente y recinto dividido.

