Cuándo el deseo de ser madre y la subrogación de vientres chocan con la Justicia

MaryBeth Lewis buscó tener gemelos por subrogación a los 65 en Nueva York. La Justicia frenó la filiación, declaró a los bebés “sin padres” y la acusó por fraude procesal.

A los 65 años, cuando la mayoría piensa en la jubilación, MaryBeth Lewis preparaba gorritos y mantas bordadas para dos gemelos por nacer. Meses después, el Estado de Nueva York la sentó en el banquillo: 30 cargos penales, una orden judicial anulada y dos bebés que la Justicia llegó a declarar “sin padres”.

La línea fina entre intención y fraude

El caso de Lewis expuso una pregunta incómoda para el sistema judicial: dónde trazar el límite entre la intención de ser madre y el fraude procesal. Lewis sostuvo que actuó para evitar la destrucción de embriones congelados, una decisión que vinculó con sus creencias religiosas. Pero también admitió engaños clave.

Firmó a nombre de su marido, Bob Lewis, un contrato de subrogación que exigía el consentimiento de ambos. Más tarde, en una audiencia judicial por Zoom para obtener la filiación legal, dijo que su esposo estaba de viaje y se conectó con una cuenta a su nombre, con la cámara apagada.

El juez Chauncey J. Watches lo dejó claro cuando Lewis intentó respaldarse en el aval médico: “No soy la clínica de fertilidad. Soy el juez”.

Ese fallo puso en primer plano no el deseo de ser madre, sino la integridad del proceso judicial que la propia ley de subrogación de Nueva York establece.

El giro judicial que dejó a los bebés “sin padres”

Según reconstruyó David Gauvey Herbert en una nota publicada por The New York Times, el conflicto se inscribió en la ley de subrogación que Nueva York aprobó en 2021, que exige una orden judicial de filiación para transferir la custodia desde la gestante a los padres intencionales.

Esa orden se firmó primero, pero quedó en suspenso días después, cuando Bob Lewis descubrió el trámite en el correo del hogar y denunció lo ocurrido. El tribunal rescindió la filiación y el Departamento de Servicios Sociales pidió considerar a los gemelos pupilos del Estado.

En un escrito judicial, un abogado del área sostuvo que los bebés “no tienen (o no van a tener) padres bajo la ley de Nueva York”. Para la fiscalía, no se trató sólo de un conflicto familiar, sino de delitos contra la administración de justicia.

Las hijas adultas, entre el apoyo y el agotamiento

Dentro de la familia, la disputa tuvo matices. Hijas adultas relataron preocupación por la sucesión de embarazos y el impacto doméstico. Liz, una de ellas, dijo que nunca pudieron estar seguras de que su madre hubiera terminado de tener hijos. Isabelle fue más directa: “Sabíamos que no podíamos con otro hijo, y menos con dos”.

Al mismo tiempo, el apoyo no desapareció. La misma Liz describió a su madre como “una madre y un ser humano maravillosos” y relató gestos concretos de ayuda en una urgencia médica con su hijo. La tensión convivió con una red familiar que nunca terminó de romperse.

La acusación penal y el costo personal

El fiscal de distrito Brooks T. Baker presentó 30 cargos, entre ellos falsificación, registros comerciales falsos y perjurio. Sumó además un conteo por intento de secuestro, que definió como “una acusación legal creativa”.

Las consecuencias fueron inmediatas: Lewis perdió su trabajo, le prohibieron el ingreso a la escuela de sus hijos y quedó marginada de actividades comunitarias. Según su entorno, bajó de peso de manera drástica y gastó más de USD 500.000 en defensa legal.

Rechazó varios acuerdos que incluían penas reducidas a cambio de renunciar a la custodia. “Estos son mis hijos”, sostuvo.

Un fallo que reabrió todo y una espera incierta

Tras la recusación del primer juez, otro magistrado, Matthew McCarthy, revisó el expediente. En octubre reconoció a MaryBeth y Bob Lewis como padres legales y ordenó transferir la custodia. Sin embargo, una apelación de último momento dejó el fallo en suspenso.

En la audiencia, los abogados hablaron de “reunificación”, aunque el término condensó la paradoja del caso: MaryBeth y Bob nunca convivieron con los gemelos, que desde su nacimiento vivieron con una familia de acogida y ya llamaban “mamá” y “papá” a quienes los criaron.

De regreso a su casa, la escena fue menos solemne. Clases de gimnasia, una compra pendiente, la cena por preparar. Y un detalle doméstico que resumió la espera y la expectativa: a Bob Lewis todavía le quedaban dos cunas por armar.

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