La vida es más parecida a un gran río, rápido y turbulento que al plácido lago que en ocasiones imaginamos. No es sencillo encontrar un camino que nos haga felices sin haber aprendido a gestionar y superar los obstáculos que puedan modificar la trayectoria. Las piedras siguen en medio y tropezamos con ellas más de una vez. Quizás ocurre por la obsesión de seguir anclados en ese camino que tanto daño nos ha hecho, en lugar de tomar otro que nos permita avanzar.

Nos cuesta mucho conseguir que el pasado sea solamente un sitio para saber que ya no somos los mismos. No podemos mirar lo que fue desde la perspectiva del hoy, porque el mundo sigue girando y no nos podemos bajar. Escribía Paulo Coelho: "No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino. Y eso implica abandonar otros". En ocasiones nos aferramos con fuerza a la utopía de una vida segura, controlable y confiable. Gran parte de la incomodidad del ser humano radica en esa tendencia a querer sentir el suelo seguro bajo sus pies y aferrarse al sueño del bienestar constante.

Y es que una nueva huella no se hace en un día. Hacer el camino al andar o buscar uno nuevo siempre nos llevará tiempo. Antonio Machado decía: "Al andar se hace el camino y al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar". La decisión de cambiar está en nuestras manos, aunque suponga todo un reto. Llegará un día en el que querer cambiar de lugar nos llevará justo hacia él construyendo nuevas emociones.

Cambiar es un fenómeno de varias dimensiones, sobre todo si queremos que transcienda. Así, no basta solo con querer cambiar y poner en marcha una acción diferente, sino que antes es necesario analizar cuál es la visión que tenemos sobre lo que nos sucede.

Por suerte, los seres humanos tenemos perspectiva, o sea, la capacidad de ver el mundo con otros ojos, la posibilidad de hacer todas las cosas nuevas desde nuestra mirada. El problema de muchos es observar la vida desde un mal ángulo: seguir pensando en los errores, hablando de los intentos fallidos y de la mala situación. Observando el mundo e imaginando lo que harían pero sin hacer nada. Dicen que "ningún marinero se hizo experto en aguas tranquilas". Por eso, cuando las cosas se ponen difíciles, algunos descubren una conspiración en su contra, nada a su alrededor se parece al éxito y se rinden diciendo que nada les funciona.

Habrá que utilizar otra óptica, seguir imaginando, viviendo, pensando que, quizás, algún día se logrará la transformación. La capacidad para cambiar la perspectiva es, sin duda, una de las herramientas más efectivas a nuestra disposición. Haber transitado otros paisajes nos ha enseñado que dependemos en exclusividad de nosotros mismos. Solo aquellos que se animan a ver la vida desde una nueva perspectiva y se arriesgan, podrán saber el verdadero sentido del vivir. Lo expresaba con delicadeza Antoine de Saint-Exupery: "Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada".

Cada uno de nosotros construye desde la propia perspectiva

Lamentablemente, hay personas psicológicamente rígidas, cautivas de un férreo modelo conductual. No se abren a nuevas perspectivas, no admiten otros puntos de vista ni toleran los cambios. No entienden que la flexibilidad mental es esencial para una vida sana, para afrontar dificultades, para disfrutar de relaciones sociales serenas. No aprecian las oportunidades, no toleran las variaciones. La rigidez psicológica no tolera lo imprevisto, y aún menos la incertidumbre.

Según Nietzche: "Quien tiene un para qué vivir, encontrará casi siempre el cómo". La actitud interior ante las circunstancias es resultado de una elección personal. Es la libertad para convertirse en la clase de persona que se quiere ser. No siempre podemos cambiar las circunstancias, pero siempre podemos elegir nuestra actitud en cualquier situación que se presente. Podemos crear una vida significativa y llena de sentido, amor y propósito. El desafío no es ser otro. El desafío es ser uno mismo.

Podemos pensar que nuestra visión de la realidad es la correcta y que el mundo debe erigirse y comportarse según nuestros preceptos. Lo cierto es que cada uno de nosotros construye y trabaja con una realidad particular o desde la propia perspectiva.

"Cuentan que hace mucho tiempo, en un lejano templo donde se preparaban las jóvenes mentes más brillantes, un grupo de discípulos le preguntó a su maestro Zen: -"¿De dónde vienen las distintas y, a veces, enfrentadas opiniones ante la misma realidad?"

El maestro, en silencio y sin mediar palabra, se retiró un momento y enseguida regresó con un gran pergamino enrollado. Le quitó el sello que lo mantenía fijado y poco a poco fue abriéndolo hasta que se pudo ver un gran lienzo en blanco. En medio del lienzo había un pequeño punto negro. -"¿Qué ven en este lienzo?", preguntó el maestro a sus discípulos. Todos los discípulos respondieron: -"Un pequeño punto negro, maestro".

El maestro dijo: -"He aquí el origen de las contradicciones. Ninguno de ustedes ha visto el enorme espacio blanco que rodea al punto negro. La perspectiva, desde la cual miramos las cosas, depende de cada uno".

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