Terminaron los Juegos Olímpicos y nos dejaron alegrías, llantos, esperanza, agradecimientos, retiros y promesas nuevas. La delegación argentina pasó a varias fases finales de los deportes más populares que tenemos en el país. El vóley, el básquet, el hockey y el rugby, entre otros, nos dieron razones para levantarnos temprano a alentarlos.

Además de varios momentos intensos en lo deportivo, se podría pensar que también nos dejaron residuos y una huella ambiental importante. Sin embargo, varios referentes de la gestión ambiental se han visto sorprendidos con las medidas de sustentabilidad presentes en esta edición de un evento que alcanzaron estándares muy interesantes.

El origen de los actuales Juegos Olímpicos se remonta a la antigüedad. Se celebraban hace 2.800 años en la región de Olimpia, en la antigua Grecia. En aquellas épocas doradas, los impactos ambientales de los juegos eran despreciables. No había aviones, ni grandes delegaciones que se acercaban desde otras partes lejanas, ni se mandaban a construir grandes hoteles para albergar al público o estadios.

En 2021, la situación de la humanidad es otra y los desafíos que tenemos también. Entre la crisis del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, la extinción de especies y el exceso de plástico, en prácticamente todos lados, es fundamental que estos grandes eventos masivos -vistos desde todos los rincones del planeta- afronten que en su realización hay un impacto ambiental considerable.

Estos Juegos Olímpicos fueron diferentes. Para empezar, llevan en su nombre un año que no es en el que se juegan, ya que fueron suspendidos en 2020 por la terrible pandemia que aún está afectando al planeta. Aun así, nos dejan un sabor dulce respecto de lo sustentables que fueron sus prácticas y medidas. En especial, considerando que en este evento -con una tradición que trasciende lo siglos y reúne a los mejores deportistas del mundo- también es importante que se luzca lo ambiental. No solo es una vitrina, a algunas de las destrezas más impresionantes de la humanidad, sino también una oportunidad para mostrar que las cosas se pueden hacer de otro modo. En este sentido, con cosas aún por corregir, podemos recorrer sus principales acciones:

Las medallas

 

Las relucientes medallas de oro, plata y bronce de aquellos afortunados que llegaron al podio son todas de material reciclado. Esto equivale a más de 5.000 medallas recicladas. Durante dos años se juntaron 80.000 toneladas de residuos electrónicos provenientes de más de 6.000.000 de celulares y , computadoras. Hasta las cintas de las medallas están hechas de plástico reciclado.

Los podios donde se recibieron las medallas también se hicieron con plástico reciclado. Fueron 24,5 toneladas que sirvieron para construir los más de 90 podios.

Del Tsunami a la antorcha olímpica

 

Japón fue azotado por un tsunami en el 2011, y para alojar a los refugiados y damnificados se utilizó mucho aluminio en las construcciones precarias en donde habitaban temporalmente. Es precisamente ese aluminio el que se usó para las antorchas olímpicas que deslumbran durante la ceremonia milenaria. Quienes portan estas antorchas también tienen un traje especial diseñado íntegramente con plástico recuperado de botellas recicladas.

La Villa Olímpica

 

La Villa Olímpica fue construida con madera en bloques de bosques locales, que espera para ser reutilizada ahora que terminaron los juegos. La idea es utilizarlos para construir bancos en plazas y parques nacionales del país.

Las camas donde durmieron los deportistas fueron fabricadas de cartón reciclado que tienen la capacidad de soportar hasta 200 kilos. Además, este producto es reciclable, reutilizable y biodegradable por lo que su huella ambiental es mínima.

Las colchas que recubren las camas también son para destacar. Una máxima equivocada en la que suelen incurrir las empresas cuando no consultan con ambientólogos que sepan, es pensar que todo lo reciclable y delicado es mejor. Sin embargo, la gestión de Tokyo 2020 ha dado una sorpresa, ya que hicieron las colchas de muy buena calidad para que sean llevadas y usadas por los atletas como recuerdo de este evento único en sus vidas.

El público

 

Otra nota de color fue sin duda la ausencia de público. Y si bien la causa no es deseable, un virus que ha puesto en vilo a toda la humanidad, se puede remarcar que, como no hubo viajes en avión, la contaminación de combustibles fósiles -que provocan el cambio climático- se ha reducido drásticamente. Esta situación reavivó viejos debates sobre cómo deberían organizarse los próximos Juegos Olímpicos para intentar disminuir el impacto ecológico.

El Parquizado

 

El parque que envuelve a la Villa Olímpica está plantado íntegramente con especies nativas y fue diseñado para luego pasar a ser parte de la biodiversidad urbana estable de la ciudad. Otro acierto para los apresurados, que por ahorrarse unos años de crecimiento prefieren plantar una especie exótica que termina disminuyendo la biodiversidad citadina.

Las especies nativas son las que sirven como sostén para otros reinos. Los animales, artrópodos e insectos reconocen y conviven mucho mejor con las especies de árboles con las que co-evolucionaron. Plantar especies del lugar es alojar, y dar condiciones, para que otros miles de especies florezcan. Es importante remarcar que hace a la identidad de un lugar.

La energía y el agua

 

La totalidad de la energía usada en Tokyo 2020 proviene de energías renovables. Todas las delegaciones se movieron por la Villa Olímpica a través de autos eléctricos que les permitieron llegar de punta a punta en las instalaciones. Más de 3.000 vehículos eléctricos hicieron esto posible. El agua usada en el mantenimiento del césped para varios deportes y en las instalaciones en sí, tiene un gran porcentaje de agua de lluvia que se recolectó con meses de anticipación.

Muebles y lo social

 

Una de las críticas más comunes a esta realización de eventos deportivos es la gran cantidad de infraestructura y muebles que se utilizan y que luego no terminan teniendo un uso claro en la sociedad. En este caso, los mobiliarios serán donados a familias en Japón que lo requieran. Resulta interesante: algunos se llevan el oro para la casa, pero otros tendrán una mesa de los juegos.

La huella de carbono

 

Es un indicador ambiental que pretende medir "la totalidad de gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por efecto directo o indirecto de un individuo, organización, evento o producto". Se cuantifica llevando a cabo un inventario de emisiones de GEI o un análisis de ciclo de vida según la tipología de huella, siguiendo normativas internacionales reconocidas. La huella de carbono se mide en CO equivalente.

Es innegable que a pesar de todas las medidas tomadas, la huella de carbono de un evento como los Juegos Olímpicos sigue siendo considerable. Para esto, se decidió optar por el método de compensación de la huella. Una vez terminados los cálculos de cuanto se contribuyó al cambio climático, se procederá a reforestar bosques en Malí y Senegal para compensar este consumo de CO2.

Si bien hay mucho por mejorar y para pensar en cómo encarar la sustentabilidad de un evento de estas características, se nota un esfuerzo genuino por avanzar con perspectiva ambiental real y profesional. En este sentido, el próximo paso que señalan algunos ambientólogos es el de empezar a exigir a los patrocinadores que también tomen compromisos ambientales fuertes para poder figurar como sponsors. Unos Juegos Olímpicos distintos. 

* Director de la Licenciatura en Gestión Ambiental de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE)