La publicación de los datos de la industria y construcción de septiembre por parte del INDEC confirmó lo que anticipábamos sobre el impacto del resultado electoral en la evolución de la actividad económica. La incipiente recuperación sectorial y estabilización de la actividad general durante el primer semestre del año se detuvo, y la economía se encuentra en una nueva fase contractiva.

La industria manufacturera tuvo en septiembre una caída del 5% en relación al mes inmediatamente anterior (cuando ya había tenido una contracción del 3,4% con respecto a julio) y la actividad de la construcción disminuyó en 4,6% en el mismo mes. Así, comparando el promedio de actividad durante los meses de agosto-septiembre con el de los meses de abril-julio se observa una caída del 3,6% en la industria y del 1,5% para la construcción. A la luz de los datos de actividad general de agosto (contracción del 1%) y de estos dos sectores, es esperable que la economía en su conjunto esté cayendo nuevamente desde las elecciones PASO.

La industria había rebotado en los primeros siete meses del año, al igual que la construcción. Las variaciones positivas en estos sectores alcanzaron el 2,1% y 4,6% respectivamente. Una recuperación lenta y no exenta de vaivenes, al ritmo de la incertidumbre electoral, que se reflejaron en alteraciones cambiarias, de precios y tasas de interés.

La caída industrial y de la construcción que estamos observando en estos meses posteriores a las PASO son la consecuencia del shock de corto plazo. Durante los próximos meses es altamente probable que los números negativos continúen como consecuencia de dos factores. En primer lugar, la inestabilidad de la coyuntura podría incrementarse si las primeras medidas del nuevo equipo económico no son las adecuadas. Un intento de recuperar de forma rápida el consumo interno a fuerza de reducciones de tasas e incremento del gasto público resultaría en un deterioro de las expectativas sobre el futuro y generaría el resultado exactamente opuesto. En segundo lugar, el cambio de gobierno implicará casi con seguridad un nuevo cambio de "modelo de país"; por lo que los sectores líderes volverán a cambiar a pocos años de haberlo hecho.

En términos simplificados, en los últimos años, la actividad industrial sufrió un cambio de composición: más industria frigorífica y menos industria textil, más industria metalmecánica y menos fabricación de equipos y aparatos eléctricos, etc. Estos cambios no están exentos de costos en la transición. Y experimentar una nueva transición, cuando ni siquiera ha terminado la anterior, resultará en caídas en los niveles productivos que se sumarán a la difícil coyuntura macroeconómica.

De esta forma, las expectativas de actividad general no son positivas para los próximos meses. La magnitud de las dificultades dependerá de la capacidad del nuevo equipo económico para que la transición sea lo menos traumática posible.

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