A lo largo de este tiempo, hemos ido desgranando semanalmente nuestros análisis y propuestas con el objeto de contribuir en los debates públicos hacia una mejor comprensión de la realidad y su evolución futura, plantear nuestras sugerencias acerca de lo que consideramos las mejores decisiones y, fundamentalmente, reflexionar en derredor de las posibles soluciones para que en nuestra Patria podamos instaurar un Modelo de Desarrollo Económico Permanente y Sustentable que, orientado a la producción, de una vez y por siempre asegure el bienestar para todos los hijos de este maravilloso pueblo argentino.

Es claro que experimentamos un evento sin precedentes frente al que, como decíamos la semana pasada, muchas verdades fragmentarias terminan mutando a la categoría de incógnitas. Su validez (o no) para orientar las decisiones tomadas sólo será asequible en un plazo mediato, con resultados integrales consolidados e información suficientemente robusta, que habiliten conclusiones de conjunto sobre las múltiples dimensiones involucradas.

Este es un señalamiento que en nada se parece al nihilismo, sino que, más bien, apunta a valorar la integración de los saberes parciales (especialmente los adquiridos en la práctica), tendiendo a que la labor colectiva proporcione las vías de superación de la incertidumbre.

Porque a la par de la insuficiencia que los conocimientos teóricos y empíricos disponibles exhiben para asegurar el buen manejo de una pandemia de las características de la actual, también se confirman los aciertos de otros esfuerzos analíticos, especialmente cuando, además de apelar a lo "ya sabido", se incorporan dimensiones menos evidentes, pero igualmente relevantes.

La valía de tal esfuerzo, muchas veces, requiere del paso del tiempo para la corroboración de las conclusiones. Desde esa óptica, nuestro propio balance no puede dejar de ser positivo ya que, a lo largo de nuestras entregas fuimos anticipando los principales rasgos estructurales de la economía política mundial y doméstica, al punto que hoy tienden a erigirse en el sentido común.

"La globalización ha muerto"

El mes pasado, cuando esta afirmación emanó de la boca del presidente de los EE. UU., ganó los titulares de todos los diarios del planeta. Al mismo tiempo, una de las revistas económicas más difundidas a nivel mundial, ocupaba su portada con la sentencia "Goodbye globalisation".

La "novedad" que transita como un reguero de pólvora, es mucho más que una noticia vieja para nuestros lectores: es la evidencia, ya inapelable, de que un Nuevo Orden Internacional (NOI) se alza reduciendo a escombros los principios y las instituciones de la anteriormente hegemónica globalización.

El reciente anuncio sobre el retiro de Estados Unidos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) no es más que el último de los episodios sucedidos desde que el establishment productivo norteamericano entronara a Donald Trump en la Casa Blanca, imponiendo la consigna de "América First" como la única política de estado.

Lejos de tratarse de un asunto abstracto o de relevancia académica, el desenvolvimiento de la economía nacional está significativamente determinado por su adecuación al contexto internacional en el que se desarrolla.

El estrepitoso fracaso del gobierno de Cambiemos, en gran medida radicó en la incomprensión de las transformaciones en curso, persistiendo en "volver al mundo" cuando éste ya no era el que fue, dado que la hegemonía del Consenso de Washington había fenecido. El anacrónico enfoque derivó en el insuperable desencuentro con la etapa histórica del que fuimos testigos.

El nuevo gobierno nacional no sólo goza de la ventaja de que el NOI es más evidente que en los años pasados, sino que, esencialmente, cuenta con la ventana de oportunidad que este ofrece, al menos por un tiempo, para nuestra economía.

Hoy los preceptos del librecomercio resultan disfuncionales para los países que son beneficiarios del nuevo esquema de relacionamiento, en el que es posible generar las condiciones para conservar y fortalecer sus mercados laborales en esta "guerra por los empleos" que caracteriza la era.

A diferencia del período de apogeo de la globalización, las naciones que identifican y ponen en valor sus vectores de competitividad, hoy pueden combinar adecuadamente los estímulos internos con las medidas de protección necesarias para el desarrollo de sus propios factores de producción, sin quedar expuestos a las duras represalias que regían pocos años atrás.

Argentina puede ser parte de ese grupo si establece un diseño de inserción internacional exitoso  (comenzando por un nuevo ciclo de la integración regional) y modifica la asignación de los excedentes  que representan las rentas extraordinarias a favor del conjunto del entramado productivo nacional.

Del "todo está permitido" al "todo está vedado"

Del mismo modo que ocurre con el apartado anterior, las sucesivas limitaciones oficiales a la adquisición de divisas, que llegaron hasta la más reciente que se extiende incluso sobre los importadores en el Mercado Único de Cambios, ha puesto en palmaria evidencia las restricciones del sector externo sobre las que hemos venido advirtiendo.

Aunque es extensa, vale repasar una cita de nuestro artículo del pasado 6 de abril:

"Planificar implica establecer fundadas prioridades y restricciones sobre las diferentes dimensiones de la Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos, así como en el funcionamiento del Mercado Único de Cambios.

Mantener la capacidad de compras externas de bienes y servicios indispensables, exigirá extremas limitaciones en la accesibilidad a divisas con destinos no prioritarios como, por ejemplo, atesoramiento, turismo emisivo, giro de utilidades y dividendos ()

Asimismo, no todas las adquisiciones tendrán, en esta coyuntura extraordinaria que signará los meses por venir, el mismo plano de importancia, por lo cual sería conveniente el establecimiento de mecanismos de control que permitan ordenar, en forma tan ágil como precisa, la Administración del Comercio Exterior(la relativamente reciente experiencia de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importaciones (DJAI) es una modalidad susceptible de ser actualizada) (ACE) en el marco de la Emergencia ut supra señalada (Hacíamos referencia a la propuesta del Lic. Pablo Challú de dictar una Ley de Emergencia del Sector Externo Argentino).

Sólo así podrá impedirse que el "todo está permitido", por la fuerza de los hechos se convierta en un drástico "todo está vedado"; al finalizar el mes de marzo, las reservas disponibles "constantes y sonantes" sólo representan un monto equivalente a dos meses de importaciones, es decir, se encuentran en el límite inferior admisible."

Ese umbral, que señalábamos entonces, ya ha sido perforado de tal modo que, si replicamos esta cuenta, faltarían 3.600 millones de dólares(1) para asegurar las compras externas de un bimestre en el ya bajo nivel (2 )previo a la pandemia. Lo cual, no es más que el inevitable corolario de haber dejado que fuera "el mercado" quien asignara los destinos del "bien escaso" que es el dólar.

Es que, como marcábamos la semana pasada, no se están aprovechando en similares proporciones las contribuciones que los diferentes campos del conocimiento teórico y empírico pueden proveer en los actuales procesos decisionales.

Queremos insistir por ello, una vez más, en afrontar el desconocido proceso que atravesamos, planificando desde los saberes prácticos del sector privado (empresarios y trabajadores) y las capacidades del sector público, articulando inteligentemente los esfuerzos -ingentes y concurrentes- de todos los sectores que protagonizan el quehacer económico y social de nuestra Patria.

Porque aún en la incertidumbre, existen certezas a las que resultaría ruinoso ignorar.

                                                                                                                                                * MM y Asociados 

(1)  Agradecemos la colaboración del Mg. Oscar Carreras en las estimaciones.

(2)   Altiempo, no resulta razonable que continúen contrayéndose las importaciones o se mantengan en los niveles de abril pasado, cuando tocaron un piso de U$S2.918 millones. Si consideramos la relación histórica observada, que oscila en torno del 1% cuando se comparan su monto mensual contra el Producto Interno Bruto (PIB) anual, esto indicaría que el PIB argentino no llegaría a los 300.000 millones de dólares. Consecuentemente, el PIB per cápita habría descendido hasta los U$S6.400 anuales, cifra que implica niveles de pobreza inusitadamente elevados para nuestro país.