Crisis en Ceuta: Disputas viejas, ¿dinámicas nuevas?
Hace una semana vimos estallar una crisis sin precedentes en Ceuta, una de las dos ciudades autónomas de España en África, que se constituyen como los únicos enclaves de la Unión Europea en el continente. En el transcurso de 48 horas llegaron por mar al territorio español miles de personas provenientes de la frontera de su país vecino, Marruecos.
La suspensión de controles del lado marroquí de la frontera y la principal causa de la eclosión de la crisis estuvo ligada a un nuevo recrudecimiento de las relaciones entre España y Marruecos, con la participación de un actor relevante en el conflicto: Brahim Gali, líder del Frente Polisario.
A finales de abril, el país ibérico decidió recibir a Gali para ser internado por COVID-19 bajo una identidad falsa. El descontento manifestado por el gobierno marroquí ante el descubrimiento de este hecho planteó entonces la idea de que la crisis humanitaria extendida en Ceuta no sería más que una retaliación política dirigida a España.
Pero para entender el rol clave que desempeña Gali en las tensiones renovadas entre Madrid y Rabat, es necesario remontarse a la historia del Estado de Marruecos. A finales del siglo XIX, el continente africano sufrió la repartición de su territorio a manos de las potencias europeas de la época, donde España había sido beneficiada con el territorio que en la actualidad es conocido como Sahara Occidental.
En 1973 se fundó el Frente Polisario, un movimiento de liberación nacional que aboga por la autodeterminación del pueblo saharaui; y en 1975 España cedió esta colonia a Marruecos y Mauritania. Desde entonces, la nación marroquí comenzó una guerra interminable con el Frente Polisario. Este conflicto alcanzaría un alto al fuego en 1991 con la Misión de Naciones Unidas que prometía en ese entonces un referéndum aún pendiente para resolver la disputa.
Sin embargo, a finales del 2020 este conflicto recobró fuerzas tras la declaración de guerra por parte de Gali a Marruecos, luego de un renovado intercambio entre sus fuerzas. Este hecho tuvo lugar como corolario de otro fenómeno: la dificultad para designar a un enviado especial para la Misión de Paz de Naciones Unidas debido a la desaprobación de los adversarios a los candidatos sugeridos. A ello se agrega la declaración del entonces presidente Trump a favor de la soberanía marroquí, que sumó otro argumento sustancial para reavivar el conflicto.
Son muchos los desafíos que esta crisis de múltiples frentes presenta al tablero geopolítico. Como la académica británica Mary Kaldor manifestaba en su conceptualización acerca de las “nuevas guerras”, este conflicto presenta una distorsión entre las distinciones de guerra, crimen organizado y violaciones a los Derechos Humanos en gran escala. Las imágenes que recorrieron el mundo dan cuenta de esto: miles de personas vulneradas, a la deriva, siendo objeto de disputas territoriales y crisis de legitimidad, haciendo difícil la distinción entre lo interno y lo externo, lo local y lo global.
Para estabilizar las relaciones entre España y Marruecos no sólo deberá concentrarse la atención en la frontera de Ceuta y la crisis migratoria presente, sino que será fundamental la evolución del caso de Brahim Gali. Las direcciones que tomen las reacciones de los actores en disputa serán determinantes para presenciar una escalada o un apaciguamiento de la crisis diplomática. Lo cierto es que, mientras siga existiendo el conflicto de base por la soberanía del Sahara Occidental, no debería extrañarnos que episodios como los ocurridos en Ceuta se manifiesten nuevamente.
* Docentes de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales de la UADE

