OPINIÓN

Lo importante es mirar la película y no la foto

La crisis actual derivada de los mayores costos que generó, tanto en Argentina como en el mundo, el flagelo del Covid atraviesa también a los bancos intermedios de Estados Unidos y expone el daño colateral de las subas de tasas que la Reserva Federal impulsó en su batalla contra la inflación. Las consecuencias pudieron verse también en los bancos de los países más sólidos del planeta, como Suiza y Alemania.

Un dato central en este teorema es que el gobierno de Estados Unidos (para estimular la economía en crisis por la pandemia, pero también desde antes) había inyectado en el sistema más de USD4 billones.

Todo ese movimiento, tras la superemisión de dinero debido a la pandemia, y con la invasión rusa a Ucrania en el medio, coloca al mundo en una complicada encrucijada. Pero si miramos la película de la cronología de nuestros males podemos entender por qué nos cuesta más remontar la pendiente. Con ese contexto internacional, y con los antecedentes históricos citados en la memoria de los actores económicos de nuestro país, año a año se incrementa el monto de dinero que los ciudadanos atesoran fuera del sistema local: según estimaciones oficiales, la cifra supera los USD261.795 millones.

Cuando uno mira el PBI per cápita de Argentina, el país no solo no crece desde 2011 e incluso hoy está por debajo de ese año.

Somos el país que más crisis tuvo desde 1960, con diecisiete de índole económico y 52 años con déficit fiscal. Países como Nueva Zelanda, Canadá y Australia exportan entre USD12.000 y USD14.000 per cápita por año, mientras que Argentina lo hace en el orden de los USD1.800.

La dolarización de los ahorros y la huida del sistema local es una tendencia que hace años marca la economía argentina. No obstante, a pesar de la crisis, las divisas liquidadas por el complejo oleaginoso y cerealero sumaron USD40.438 millones durante el año pasado y superaron en USD7.600 millones lo registrado durante 2021.

Con semejante potencia, el fenómeno catapultó otro registro sin precedentes: los USD88.446 millones que anotaron las ventas al exterior totales, lo que representa USD10.000 millones más que en 2021.

Los problemas de la sequía

Sin embargo, los problemas se agravaron a comienzos de este año. La sequía más virulenta de las últimas cuatro décadas redujo la cosecha a cerca de 47 millones de toneladas lo que impactó negativamente en las exportaciones en USD10.000 millones adicionales respecto de lo esperado a finales de 2022.

Está claro que la sequía no es culpa del "kirchnerismo", aunque también es cierto que no se tuvieron en cuenta precauciones del tipo "ahorrar y no malgastar en los tiempos de vacas gordas".

La deuda remunerada que asumió el BCRA por retirar del mercado buena parte de los pesos que emitió durante los últimos años, incluido el de la dolorosa pandemia, marcó un récord nominal al superar los $12 billones. La deuda en pesos resulta sostenible, siempre que la trayectoria del déficit fiscal sea descendente y que la política a ambos lados de la grieta asuma un nivel de responsabilidad hasta ahora no visto.

Para garantizar la tranquilidad social y evitar el desempleo, 20 millones de personas obtienen sus ingresos a través de un cheque del Estado: 6,9 millones en concepto de jubilaciones y pensiones, 8,2 millones por AUH y otras asignaciones familiares, 3,6 millones de empleados en la administración pública nacional, provincial y municipal, 1,4 millón de pensiones no contributivas y 0,4 millón de monotributistas sociales; mientras que se registran solo 8,6 millones de trabajadores en blanco ¿Es sostenible semejante desequilibrio? No por mucho tiempo más. Pero detrás de estos números hay dos discusiones que se retroalimentan. Una es un esquema de transferencias histórico asociado al tanto al régimen previsional como al de asignaciones familiares que no es viable con un elevadísimo nivel de informalidad de la economía. La otra es la multiplicación de los programas sociales.

La superposición de reformas contradictorias en el régimen previsional requiere un ordenamiento sensato. Vale recordar que la mayor inequidad no está en el régimen general sino, fundamentalmente, en la enorme cantidad de regímenes especiales y provinciales.

En este sentido, cabe conciliar las visiones de abogados constitucionalistas y economistas. Consagrar derechos es una iniciativa loable siempre que pueda ser sostenido en el tiempo y que se indique con qué instrumentos. Sin ese ingrediente complementario es todo "estudiantina", en el marco de la dolorosa maduración que viene sobrellevando nuestra democracia.

Durante la presidencia de Néstor Kirchner hubo orden administrativo. Se jerarquizó la imagen de la "política" y hubo un consenso suficiente para que Argentina se organizara institucionalmente y luego pudiese ordenar la economía.

El período comprendido entre 2003-2007 es el quinquenio con mayor crecimiento en la historia argentina desde 1990, no solamente porque iniciaba un ciclo positivo a nivel mundial sino también por la política macroeconómica de esos años

Salarios e inflación

 

Con la "foto" de la economía y los salarios por el piso, con la inflación por las nubes, con los niveles de pobreza e indigencia en aumento, con los dólares siempre metiendo ruido y todo junto y a la vez, vamos camino a las PASO y a las elecciones generales. Es una "película" cuyos orígenes son muy anteriores a la presente gestión.

La sociedad afirma sin medias tintas cuáles son las tres "íes" que hoy le quitan el sueño: inflación, inseguridad e incertidumbre. Los datos de la economía "de la calle" empiezan a convalidar lo que estamos viendo los economistas.

La mayoría de los ciudadanos cree en el trabajo, en el esfuerzo y en la educación como la manera de progresar y de recuperar la histórica movilidad social ascendente de la doctrina justicialista. Incluso gran parte de los que reciben planes sociales da cuenta de que allí no hay más que mera supervivencia. En este contexto se desarrolla la amenaza del narcotráfico. Este desafío a la legitimidad del Estado no es propio de una ideología revolucionaria o del espesor de las rebeliones sociales sino que el narcotráfico es, más bien, la expresión colectiva (organizada y sustentable, con abundantes recursos) de la criminalidad individual.

Para combatir ese flagelo común se necesita un baño de sensatez de la dirigencia política y requiere políticas de Estado de una sociedad sin grietas acompañada por medios de comunicación que se solidaricen con esta tarea. En ese marco, actualmente proliferan los liderazgos de ocasión, propios de una democracia de candidatos que pugnan por suceder a la democracia de partidos, sostenidos por la polarización que es binaria y matriz de antinomias y competencia agonista de catástrofes.

Para sortear esta circunstancia, el presidente Alberto Fernández, quien soportó desde el inicio de su mandato las sucesivas "siete plagas de Egipto", impulsa la vigencia de las elecciones primarias, abiertas y obligatorias (PASO), concebidas precisamente para dirimir liderazgos en el seno de los partidos y de las coaliciones.

Según se las mide, las PASO sirven como filtro ante la presentación de muchos candidatos, como en los partidos de la oposición, sin hacerse los distraídos frente a su corresponsabilidad en los errores del pasado o de mera excusa para aplicar el criterio del gran elector y prescindir de ellas. En este caso hacen las veces de "encuesta" para explorar apoyos y ratificar a los candidatos seleccionados.

Solo una fuerte convicción política de unidad racional y de cohesión podrá salvarnos. Toda crisis es una oportunidad para desterrar soluciones facilistas. El debate de fondo está en el "cómo" en vez del "quién".

Los argentinos debemos encarar un proceso lento y penoso, pero lo podemos lograr a través de pilares: hacerlo de a poco, proponer lo posible y que sea permanente.

 

* Abogado y economista