El escritor, periodista y guionista Horacio Convertini dialogó con BAE Negocios sobre su nuevo libro: "La novela trabaja sobre lo que cada persona oculta a los demás, el lado inconfesable, incluso muchas veces no reconocido, porque vivimos convencidos de que somos absolutamente buenos y nobles. Pero si nos aventuramos a lo siniestro, si nos paramos desde nuestra propia oscuridad, la mirada sobre lo que somos y sobre lo que nos rodea cambia. La parte iluminada se ve diferente".

—¿Cuál es la importancia de la figura del padre en la novela?

—Los cabos sueltos que deja al morirse de un infarto serán las miguitas de pan que conducirán a Luis, el protagonista, no sólo a descubrir la vida invisible de su padre, sino también a indagar en la historia de su propia familia y a reconocer que tal vez haya un legado inesperado que recoger. La figura del padre, sobre todo en los hijos varones, funciona como un molde, ya sea por emulación o por rechazo. Y este es el desafío que se le presenta a Luis: descubrir la naturaleza de ese molde y actuar en consecuencia.
 

—¿Cómo definís a Luis?

Es un muchacho gris, sin motivaciones, alguien que boya por la vida. Su geografía es chiquita: el trabajo de empleado municipal, la casita modesta, un matrimonio estándar. Alguien tan indolente que a veces, como fuga de la realidad, se "aplasta": entra en una especie de catatonia. Pero la muerte de su padre pondrá todo esto en cuestión. Activará resortes que ni él sabe que tiene.
 

—¿Cómo fue reconstruir la vida secreta de un muerto?

—Todos los que hemos atravesado por la muerte repentina de un padre o de una madre sabemos lo difícil que es "abrir" los restos de esa vida. Cada cajón, cada cartera, cada sobre, cada bolsillo contiene, o puede contener, elementos para nosotros desconocidos de nuestro ser querido. Puede ser una carta, una deuda, una foto vieja. Y eso dispara una experiencia de transformación. Cuando murió mi viejo de un paro cardíaco, descubrí que días antes él había recortado un aviso de Alitalia, algo que refería a la última charla que habíamos tenido y que había quedado en la nada. Ese hallazgo redefinió completamente aquella conversación. Luis, el personaje de la novela, encuentra un bolso con cien mil dólares en el ropero del modesto departamento que alquilaba su padre. Eso empezará a redefinir lo que sabe de él.
 

El desafío de la literatura no pasa por competir con el informativo sino con inventar un mundo propio, explotar la imaginación y encontrar las formas, el lenguaje y los discursos

— ¿Es el dinero lo que impulsa a los personajes al cambio?

-En un punto puede ser. Es la plata fácil que llega de manera inesperada y te puede permitir el salto social que estabas esperando o el gustito que nunca te pudiste dar. De hecho, funciona como un punto de quiebre. Pero entiendo que más tarde o más temprano, el dinero queda de lado y los personajes terminan siendo impulsados por el deseo de una verdad. La verdad puede ser mucho más poderosa que los dólares. Y es ahí donde el personaje afronta un punto de no retorno.

—¿Qué le deja de herencia el padre a Luis?

—-Ese bolso con plata, desde luego, de cuya existencia Luis no sabía nada. Pero sobre todo le deja un enigma: ¿cómo un vendedor de baratijas que se la pasa de pueblo en pueblo pudo haber juntado cien mil dólares? Un misterio que lo desafía a dejar de lado su pasividad, su aplastamiento, y lo conduce por caminos peligrosos que lo transformarán.

La figura del padre, sobre todo en los hijos varones, funciona como un molde, ya sea por emulación o por rechazo

—¿En qué género colocas esta novela?

—Es una novela que se ubica en los bordes del género negro. Hay un enigma, hay una develación, aunque el punto central no es ese sino la parábola del personaje principal.

— ¿La escribiste en cuarentena? ¿Cómo viviste la cuarentena como escritor?

-Es una novela que terminé de escribir hace cuatro años. "Lo oscuro que hay en mí" iba a publicarse en marzo de 2020, pero la pandemia dilató los planes editoriales. Durante la cuarentena trabajé, y a cuentagotas, otro proyecto literario que está todavía en proceso. Me concentré más en el desarrollo de proyectos vinculados a lo audiovisual.

En los bordes
del género negro

—¿Cuándo supiste que querías ser escritor? 

—Cuando le perdí el miedo a la idea, hace unos quince años.

—Siendo periodista, ¿es más complejo o no escribiendo ficción cuando la realidad muchas veces supera la ficción?

—Creo que el secreto es apartarse de la realidad que uno lee en el diario. Abrirse del rigor de la coyuntura. Muchas veces leo noticias que me sorprenden porque no se les ocurriría ni al guionista más torpe y sin embargo son verdad. Creo que el desafío de la literatura no pasa por competir con el informativo sino con inventar un mundo propio, explotar la imaginación y encontrar las formas, el lenguaje y los discursos que hagan de ese escenario una experiencia placentera para leer.

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Maria Helena Ripetta

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