En su primer discurso, el creador de la "plata dulce" criticó al dólar barato
A pesar de haber generado la mayor apreciación cambiaria de la historia, Martínez de Hoz la condenó en su presentación en sociedad
La desconfianza que la sociedad argentina tuvo siempre por las declaraciones oficiales puede encontrar una justificación en el discurso que pronunciara José Alfredo Martínez de Hoz el 2 de abril de 1976.
Cinco años antes de "el que apuesta al dólar pierde" y veintiséis antes de "el que depositó dólares recibirá dólares", quien hubiera seguido a pies juntillas el discurso del flamante ministro de Economía de la dictadura habría quedado convencido de que en la Argentina se iba a apoyar a la producción industrial y agropecuaria, combatir la especulación financiera y promover un dólar caro para impulsar las exportaciones.
Créase o no, esos fueron algunos de los lineamientos principales del extenso discurso inaugural de Martínez de Hoz.
"La peor crisis"
La apertura de la alocución se inscribió en el formato clásico de todo flamante ministro, de cualquier época y más de uno podrá hacer las comparaciones que le gusten: "Me corresponde asumir la responsabilidad del Ministerio de Economía de la Nación en el curso de una de las peores crisis económicas que ha padecido nuestro país. Quizás la peor".
Siguiendo con las apelaciones a la ciudadanía, Martínez de Hoz añadió que "habrá sin duda sacrificios a realizar... sólo así saldremos adelante".
Al referirse a la política cambiaria, se inclinó por el abandono gradual de los tipos múltiples y abogó por un mercado libre y unificado.
En contra del dólar barato
Hasta allí, sin sorpresas. Pero al hablar de cuál debería ser la paridad se pronunció en contra del dólar barato. Precisamente ese que implantó a través de la "tablita" y marcara los tiempos de la "plata dulce".
"Son demasiado recientes los ejemplos de lo que ha sucedido en la Argentina en las épocas en que la capacidad adquisitiva de su moneda ha sido sobrevaluada. Se ha seguido la tendencia de sobrevaluar la relación de cambio del peso argentino con respecto a la divisa extranjera", denunció.
Según el ministro, "ello ha producido una serie de consecuencias negativas, tales como el desaliento a las exportaciones, el incentivo para la importación artificialmente abaratada, la subfacturación en las exportaciones y la sobrefacturación en las importaciones, el mercado negro cambiario, la fuga de capitales, el contrabando y el desaliento a la inversión extranjera".
Del discurso a los hechos
Nadie lo hubiera sospechado ese 2 de abril, pero en rigor estaba anticipando los resultados de lo que sería su propia gestión. A lo largo de los cinco años de su Ministerio, el dólar tuvo un incremento del 745,5%, contra una inflación del 6.834,1%.
Más que suficiente como para eliminar cualquier atisbo de competitividad externa.
La tablita
Se trataba de un esquema al que luego recurrirían varios gobiernos de diferente signo, aunque con una brecha entre el ajuste de la paridad cambiaria que iba muy detrás de la inflación.
El ingenio popular lo bautizó "tablita", en alusión al esquema de pequeñas devaluaciones diarias que iba dando a conocer el Banco Central. Y que llevó a tal apreciación del peso (por entonces "peso ley") que los argentinos tuvieron la ilusión de cobrar salarios más altos que en Estados Unidos, claro que con la contrapartida de precios también mucho más altos que en el país del norte.
Martínez de Hoz llamó también a "eliminar de raíz" los vicios que atentan contra la producción, por lo que habría que trabajar "quitando todo aliciente y posibilidad a la acción parasitaria especulativa".
Industrialista y progresista
Para ello, habría que "afianzar la industria nacional y estimular su crecimiento en términos de cantidad, calidad, eficiencia y rentabilidad".
"No estamos predicando la desocupación, ni el hambre, ni las ollas populares... esta concepción es la misma adoptada por la doctrina social de la Iglesia", añadió.
Y para finalizar, un desafío conmovedor: "Debemos poder afrontar programas progresistas y modernos".

