Un multimillonario radicado en Estados Unidos con empresas en todo el mundo es un fiel defensor de la libertad de expresión y utiliza Twitter como plataforma favorita para comunicar todo tipo de cosas a sus seguidores. ¿Se trata de Elon Musk o de Donald Trump? Aunque diametralmente diferentes, el CEO de Tesla y el expresidente norteamericano comparten su predilección por la red social del pajarito, y ahora Elon Musk reveló que piensa "seriamente" crear una nueva plataforma porque, según él, Twitter no permite la libre expresión.

El fundador de Tesla y Space X publica tuits casi diariamente, en los que interactúa con sus seguidores, comunica avances o proyectos de sus empresas, mueve casi a placer las cotizaciones de las criptomonedas y hasta desafía a Putin a un duelo individual por el futuro de Rusia y Ucrania. Sin embargo, este último conflicto bélico puso en jaque su cuenta, ya que el magnate reveló que no comparte los bloqueos a medios rusos como RT o Sptunik: "Lamento ser un absolutista de la libertad de expresión", aseguró.

En línea con esto, el viernes pasado realizó una encuesta en Twitter donde consultó: “La libertad de expresión es esencial para el funcionamiento de una democracia. ¿Creen que Twitter adhiere rigorosamente a este principio?". Además, agregó: "Las consecuencias de esta encuesta serán importantes. Por favor voten cuidadosamente".

El resultado fue demoledor: el 70% de un total 2.035.924 votantes consideró que Twitter no adhiere a la libertad de expresión. Ante esto, Musk volvió con otro tuit: "Dado que Twitter sirve como la plaza pública de facto, no adherirse a los principios de la libertad de expresión socava fundamentalmente la democracia. ¿Qué se debe hacer? ¿Se necesita una nueva plataforma?". 

Acto seguido, un seguidor le preguntó si consideraba construir una nueva plataforma con un "algoritmo de código abierto", donde "a la libertad de expresión y la adhesión a ella se les da prioridad" y donde "la propaganda es mínima". "Lo estoy pensando seriamente", contestó el magnate. 

Elon Musk, la libertad de expresión y sus similitudes con Trump

El recientemente declarado "persona del año" por la revista Time tiene una larga historia con la necesidad de libertad de expresión, que le ocasionó fuertes cruces con, por ejemplo, la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC). Después de consultar si debería vender el 10% de sus acciones de Tesla, los títulos de su empresa bajaron, por lo que la SEC lo citó a declarar.

Musk acusó a la entidad de "hostigamiento", pero, aunque trató de anular la citación, la SEC se puso firme: “La moción de Musk para anular es defectuosa en el procedimiento y sustancialmente sin mérito”. Para ellos, el CEO de Tesla debe consultar con la junta directiva antes de tuitear sobre su empresa, algo que hasta ahora jamás pasó. Aunque siguen peleados, llegaron a un acuerdo: Musk acordó dejar el cargo de presidente y nombrar miembros independientes para la junta directiva de la compañía. También accedió a pagar 20 millones de dólares mientras la compañía pagaba otros 20 millones en multas.

Los impuestos y las opiniones de Musk generan mucha admiración entre propios y ajenos, pero también son muchas las críticas por el modo poco ortodoxo que tiene el empresario en sus negocios.

Truth Social, el experimento de Trump que por ahora no dio resultado

Por todo esto, Musk analiza "seriamente" crear una red social aparte, donde la libertad de expresión pueda desarrollarse sin censura alguna. En este caso, el magnate no sería la primer persona en hacerlo, ya que el expresidente Donald Trump pensó y, después de muchas trabas, lanzó Truth Social para "devolverle la voz a la gente". Hay, claro, una diferencia crucial: Trump fue expulsado de Instagram, YouTube, Twitter, Facebook y hasta de la china TikTok tras los ataques al Capitolio por parte de grupos extremistas que lo seguían abiertamente, mientras que Musk, por ahora, navega sin restricciones por las redes sociales. 

Hay otros ejemplos, como el del CEO de MyPillow, Mike Lindell, que a principios de este mes lanzó Frank Speech, su versión de YouTube, y le dijo a Bussiness Insider que planea lanzar una segunda aplicación, Frank Social, que es una alternativa a Facebook.

Las redes sociales, en tela de juicio

Los gigantes tecnológicos como Twitter, Facebook, Google y Amazon hace rato que son acusados por algunos conservadores y defensores de la libertad de expresión de prohibir a los usuarios con puntos de vista impopulares. El entonces director ejecutivo de Twitter, Jack Dorsey, dijo el año pasado que su compañía se equivocó cuando censuró un artículo del New York Post sobre la computadora portátil de Hunter Biden en las semanas previas a las elecciones presidenciales.

Sin ir más lejos, Facebook bloqueó a Trump tras el ataque al Capitolio, pero una investigación posterior probó que la red social no hizo lo suficiente para prevenir la difusión de mensajes incendiarios ni controlar la insurrección que se gestaba en la plataforma. La crítica, sobre todo dirigida a Facebook y Twitter pero con YouTube e Instagram también apuntados, es la misma de siempre: las redes sociales vinieron a ampliar libertades y a darle voces a todos, pero sus normas solo permiten que algunos hablen. El aval a mensajes como "muerte a Putin" es el último ejemplo de esto. 

La red social de Musk parecería una solución ideal, pero lejos está de serlo. Al menos con los ejemplos actuales, ninguna plataforma alternativa a las clásicas tuvo éxito: ni Truth Social ni Rumble, Parler y Gettr lograron llegar a un público amplio, sino que se quedaron como un reducto de grupos extremistas o de derecha. 

Un millonario censurado en una red social que crea la suya para poner sus propias reglas es un concepto cada vez más común, pero tiene sus obstáculos. En primer lugar, debe entrar en un mercado hipersaturado donde ya existen dominantes claros e históricos. En segundo lugar, se necesitan usuarios, y que estos interactúen entre ellos. En tercer lugar, se necesita una plataforma autosustentable, y eso se consigue con inversores y publicistas dispuestos a desembarcar en la red social. 

Aunque sea el primer trillonario del mundo, Musk todavía tiene mucho por delante si quiere su propia red social, y no todo eso puede ser comprado por el dinero. O quizás, todo queda en un proyecto desestimado o en una promesa vacía, como los supuestos "robotaxis" de Tesla que serían un millón en 2020 o los chips cerebrales que ya estarían en la cabeza de las personas para el año de la pandemia. Probablemente en Twitter se sepa cuál será el próximo paso.